"En
el país de Obiang, dictador protegido por
los Estados Unidos"
Peter Maass, Mother Jones, San Francisco,
USA
La revista francesa
Courrier International publica en su número
759, de 19 a 25 de mayo de 2005, bajo el título
Guinea Ecuatorial, el dictador preferido de Bush,
un largo artículo aparecido en la revista
norteamericana Mother Jones cuya traducción
iniciamos hoy.
" El polvo rojo de
la jungla, deja su sitio a una carretera asfaltada.
Estamos en los alrededores de Ebebiyin, donde las
fiestas del día nacional están a punto de comenzar.
Unas mujeres cantan y se contonean con un ritmo
irresistible, aunque las letras de sus canciones no
son precisamente arrebatadoras. "Esperamos, señor
Presidente", cantan en fang, la lengua más
hablada en Guinea Ecuatorial. "Estamos felices de
verte, eres el presidente del pueblo".
En la lejanía una nube de polvo anuncia la llegada del
presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.
El dirigente viene
acompañado de 40 vehículos y lleva consigo una
potencia de fuego suficiente para iniciar una guerra
de pequeñas dimensiones. A la cabeza del cortejo van
camiones del ejército, con soldados vestidos de
negro, una especie de ninjas africanos. Como el
presidente no se fía del todo de su ejército, los
jeep colocados delante de su Lexus SUV transportan
escoltas marroquíes. Muchos de ellos, situados en
los estribos, fusil de asalto Heckler & Koch en
bandolera, escrutan el horizonte. Obiang se ha
trasladado tierra adentro para celebrar el 36
aniversario de la independencia. Los tres días de
fiesta están salpicados de referencias al
derrocamiento de Francisco Macías Nguema, el primer
dictador del país. Macías Nguema, que hacía torturar
y matar a sus oponentes en un campo de fútbol, fue
depuesto y ejecutado en 1979, tras un golpe de
estado dirigido por una alto consejero militar que
era al mismo tiempo su sobrino, Teodoro Obiang
Nguema.
Para "El Libertador",
como Obiang gusta de hacerse llamar, el momento
álgido de esta fiesta de octubre es un desfile sobre
la más hermosa pista de asfalto de Ebebiyin. Un
centenar de soldados abren la marcha al paso de la
oca y, bajo la alternancia ecuatorial de sol y
chaparrones, podría decirse que delegaciones de
todas las ciudades y organismos del país, desfilan
agitando banderas a la gloria del presidente y del
partido en el poder.
El calor, los
soldados, la jungla, la orquesta que desafinaba me
colocaron al borde del mareo. Vi después banderas
americanas. Las llevaban una delegación de Mobil
Guinea Ecuatorial, filial de ExxonMobil. Llevaban
también las banderas blancas de Exxon y unas
pancartas donde se podía leer el nombre de
ExxonMobil. Tras ellas marchaban delegaciones
encabezadas por pancartas de Halliburton, Chevron
Texaco y Marathon Oil.
Estos últimos años,
Guinea Ecuatorial, pequeño país de 500.000
habitantes, se ha convertido en el tercer exportador
de petróleo del África subsahariana, por detrás de
Nigeria y Angola. Lo que dado el número de
habitantes la convierte en el país más rico del
continente. Sin embargo, una vez descontadas las
sumas que van a parar a los bolsillos de la familia
y los amigos del presidente, sigue estando entre los
más pobres. Si algunas tenderetes y los cafés más
desastrados de Ebebiyin están decorados con
pancartas de ExxonMobil, es también a causa del
petróleo. Y las riquezas petroleras del país son la
causa de que altos funcionarios de Washington, entre
ellos el propio presidente Bush, puedan reunirse con
Obiang, aunque su régimen haya amenazado de muerte a
un embajador de los Estados Unidos. Y si, sin que
nadie rechiste, Obiang sigue utilizando el Tesoro
publico como si se tratara de su cuenta corriente,
es también una vez más a causa del petróleo.
Guinea Ecuatorial
aparece con frecuencia como una parodia con la
kleptocracia petrolera como protagonista. Hoy, sin
embargo, se muestra tal como es: un ejemplo muy real
de como un dictador lleno de petróleo se enriquece -
y enriquece a su familia- dejando hambriento a su
pueblo. Las empresas norteamericanas le han
facilitado las cosas. Tal como explican con detalle
documentos del Senado y del ministerio de Finanzas
norteamericanos, Riggs Bank ayudó a Obiang a colocar
millones de dólares en cuentas fuera de control.
Paralelamente, las compañías petroleras hacían pagos
ocultos a su régimen, pagos que investiga en la
actualidad la Securities and Exchange Comission
[SEC, organismo de la administración encargado de
los mercados financieros] en el marco de la ley que
persigue las prácticas de corrupción en el
extranjero. Si los Estados Unidos se interesasen
fundamentalmente por la defensa de los derechos
humanos, Guinea Ecuatorial habría llamado nuestra
atención mucho antes del boom petrolero de 1995.
Francisco Macías,- que se hacía llamar Líder de
acero, Único Milagro de Guinea Ecuatorial, y,
naturalmente, Presidente Perpetuo - era una mezcla
de Amin Dadá y Pol Pot. Mató, o envió al exilio a
casi un tercio de la población, diezmando en
especial a una no muy numerosa clase instruida.
Algunas de sus víctimas fueron crucificadas en la
carretera que conduce al aeropuerto. Fue uno de los
criminales más abominables del siglo XX, pero
ninguna potencia extranjera, incluida la propia
España, le prestó atención, y el régimen fascista de
Franco no se preocupó por las violaciones de los
derechos humanos en su antigua colonia. El golpe de
estado de Obiang fue bien acogido, y su régimen está
lejos de ser tan duro como lo fue el de su tío. Lo
que no es ninguna proeza.
Recientes informes
del Departamento de Estado definen a Guinea
Ecuatorial como una democracia, pero observan que "en
la práctica, el poder lo ejerce el presidente
Teodoro Obiang Nguema". En las últimas
elecciones presidenciales fue reelegido con el 97%
de los votos, el escrutinio había estado "desvirtuado
por numerosos fraudes e intimidaciones". "La
corrupción es generalizada", indica uno de los
informes; mientras, la redistribución de los
ingresos del petróleo "se lleva a cabo sin la
menor transparencia, pese a los reiterados
llamamientos de las entidades financieras
internacionales y de algunas personalidades".
Por último, "nada permite pensar que el maná
petrolero vaya a beneficiar a la población".
Continúan las violaciones de los derechos humanos.
Un asalariado de una de las empresas petroleras fue
recientemente golpeado hasta perder el conocimiento
por unos policías con el pretexto de que no había
querido darles una propina. En 2002, diez agentes de
la seguridad del aeropuerto de Bata, la capital
económica, fueron detenidos por haber permitido que
un dirigente opositor embarcase en un avión con
destino a Gabón. Si formas parte de la oposición, o
incluso si solamente se sospecha que eres opositor,
tu vida empieza a no valer mucho.
Para hacerme una
idea más exacta de lo que significa "tortura" y "violación"
en el contexto de Guinea Ecuatorial, consulté
Tropical Gangstern, de Robert Klitgaard, un
economista que trabajó en Malabo a finales de los
años 80. En su libro, Klitgaard protesta por las
torturas de que ha sido objeto un colega local que
fue conducido al palacio presidencial de Malabo,
situado encima del puerto con los ojos vendados y
las manos atadas a la espalda. Le colgaron de los
tobillos, - "como un pez colgado por la cola"-
antes de hacerlo caer en un tonel lleno de agua
jabonosa donde se le mantuvo hasta que estaba a
punto de ahogarse. Le sacaban, lo interrogaban y lo
volvían a colgar. Esto durante varias horas. Después
se le aplicaron descargas eléctricas en los órganos
genitales. Finalmente fue puesto en libertad. Los
propios funcionarios extranjeros no estaban a
cubierto de la violencia. John Bennet fue embajador
de Estados Unidos en Guinea Ecuatorial entre 1991 y
1994 y el que no guardase silencio sobre estos
abusos exasperaba a Obiang. Una noche, recibió
amenazas de muerte en la propia embajada. Me reuní
recientemente con Bennet y me contó que se había
encontrado con Obiang poco después del incidente, "me
dijo que no podía creer que alguien hubiera podido
amenazar al embajador de los Estados Unidos",
relataba Bennet con humor. "Disimulaba muy mal".
Poco después, en 1995, se cerró la embajada como
gesto de protesta contra la corrupción y las
violaciones de los derechos humanos".
(Continuará)
Editado y distribuido por ASODEGUE
Peter Maass, Mother Jones, San Francisco, USA
"En el país de
Obiang, dictador protegido
por los Estados Unidos" (II)
Peter Maass,
Mother Jones, San Francisco, USA
"El país habría
podido desaparecer de nuestro radar geopolítico si Mobil
no hubiera descubierto petróleo, a finales de ese mismo
año [se refiere a 1995], en frente de Malabo. Se hizo
evidente muy pronto que el yacimiento Zafiro era de
clase internacional. Tras una década de explotación, la
producción de Guinea Ecuatorial supera hoy los 300000
barriles por día, lo que al precio actual, supone unos
5500 millones de dólares al año. Un yacimiento de gas
concedido a Marathon se ha convertido también en una
fuente de producción importante, y continúa la
exploración de los fondos marinos a todo lo largo de las
costas de Guinea Ecuatorial donde las empresas
petroleras esperan detectar nuevos yacimientos. Estas
empresas han invertido varios miles de millones de
dólares en Guinea, y Marathon perfora importantes pozos
de gas natural. Existe desde hace poco una línea semanal
que enlaza Malabo con Texas, sin escala, bautizada como
Houston Express.
Actualmente, las empresas norteamericanas invierten allí
más
que en ningún otro país de África, salvo Nigeria y
África del Sur. En 2003, el gobierno Bush ha reabierto
la embajada, una decisión muy criticada por las
organizaciones de derechos humanos, que dan a este gesto
una interpretación favorable a las empresas petroleras y
al mismo Obiang. Frank Ruddy, que fue embajador de los
Estados Unidos a mediados de los años 80, condenó la
política de Washington afirmando que el equipo Bush "apoya
abiertamente a este gobierno - que es un gobierno
horroroso". Obiang no tiene muchos amigos. Ha dado la
espalda a los españoles - y a través suyo al conjunto de
la Unión Europea - acusando a Madrid de estar implicado
en el intento de golpe de estado de marzo de 2004. A
parte de a los chinos, solo a la administración Bush
parece gustarle Obiang. Ningún alto funcionario del
gobierno norteamericano ha formulado crítica alguna
contra su régimen. En lugar de ello, el secretario de
Estado, Colin Powell, y el ministro de Energía, Spencer
Abraham, se reunieron con Obiang en privado en
Washington. Cuando entrevisté a Gabriel Nguema Lima, el
hijo de Obiang, entonó alabanzas a Bush. "Los Estados
Unidos, igual que China, tienen cuidado de no mezclarse
en los asuntos internos".
En Guinea Ecuatorial, casi la mitad de los niños menores
de cinco años, están subalimentados. Incluso las
ciudades importantes carecen de agua potable y de un
sistema sanitario digno de tal nombre. Un consultor
sanitario que ha vuelto a Guinea Ecuatorial no hace
mucho, por primera vez desde 1993, escribe, consternado,
en el International Herald Tribune: "A pesar del boom
petrolero, no he visto ninguna mejoría en lo que hace al
nivel de vida de las gentes modestas". (Obiang no tiene
nada de "modesto": en 1999, pagó 2,6 millones de dólares
- en metálico - por una villa situada en la periferia de
Washington. Una de sus esposas estaba autorizada a
gastar hasta 10000 dólares al día con su tarjeta del
Riggs Bank).
Una cosa es segura, para las empresas petroleras
occidentales, Guinea Ecuatorial es un socio ideal. Casi
todas las reservas de petróleo y de gas están situadas a
lo largo de las costas, lo que hace relativamente fácil
garantizar la seguridad de los yacimientos. El personal
de ExxonMobil y de Marathon vive en recintos alambrados,
enteramente autónomos en lo que hace al abastecimiento
eléctrico, de agua y de las redes de comunicación.
Contrariamente a lo que sucede en Nigeria y en la Arabia
Saudita, los trabajadores extranjeros casi no
manifiestan temor por su seguridad, y el brutal aparato
de seguridad del gobierno mantiene la criminalidad a un
nivel muy bajo. Los extranjeros circulan libremente por
las calles llenas de baches al volante de su pick-up y
frecuentan bares muy conocidos, como La Bamba y Shangri-La,
guaridas de profesionales a las que se llama aquí las "combatientes
de la noche", porque se disputan los potenciales
clientes.
Guinea Ecuatorial es un país ideal para hacer negocios.
Según un informe de 1999 publicado por el Fondo
Monetario Internacional, las empresas petroleras se han
beneficiado, y mucho, "de la normativa fiscal y
financiera mas ventajosa de la región". El Estado no se
ha quedado más que entre el 15 y el 40% de los ingresos
producidos en los campos petroleros, mientras que lo
habitual en el África Subsahariana se sitúa entre el 45
y el 90%.
Sin embargo, el gobierno debería obtener 1500 millones
de dólares como ingresos procedentes de esta industria,
es decir, en torno a 3000 dólares por habitante. Se
trata, sin embargo, de una cifra tramposa. Para el
ecuatoguineano medio, que debe desenvolverse con unos 2
dólares diarios, 3000 representan una fortuna. ¿A donde
va ese dinero?
Las relaciones de Obiang con la Riggs Bank empezaron en
1995 y, en 2003, su régimen era el cliente más
importante de la entidad. Riggs Bank había abierto más
de 60 cuentas a Obiang, a los miembros de su gobierno y
del círculo de dirigentes. En la cuenta principal,
conocida con el nombre de "cuenta petrolera", las
empresas ingresaban su canon respectivo, y tenía con
frecuencia saldos de decenas de millones de dólares.
Nada indica que estos ingresos, hayan sido, en sí mismos,
fraudulentos, pero la forma como Obiang utilizaba esta
cuenta hacía torcer el gesto a más de uno. Entre otras
actividades sospechosas puestas de manifiesto por el
informe, el régimen transfirió - sin objeción, ni
verificación alguna por parte del Riggs - 35 millones de
dólares desde la "cuenta petrolera" hacia "dos empresas
desconocidas" que tenían cuentas en países con
legislación estricta en materia de secreto bancario.
Tenía también "cuentas de inversión". En 2003, el
montante de esta cuentas osciló entre 300 y 500 millones
de dólares. Es cuando menos curioso que unos fondos
equivalentes al tesoro de un país se depositen en un
banco privado, y más aún en una entidad relativamente
pequeño como es el Riggs. Más curioso aún es el hecho de
que transferencias realizadas desde estas cuentas no
hayan precisado más que una firma - la del propio
presidente Obiang. He aquí una de las razones por las
que se piensa que Obiang maneja el Tesoro público como
su cuenta corriente.
La gestión de las cuentas haría reír si no estuviera en
juego la riqueza de todo un país. La manera cómo se
hacían los depósitos era, a veces, de alta comedia.
Simón Kareri, el responsable del Riggs que se ocupaba de
las cuentas en la filial de DuPont Circle, se trasladó
por dos veces a la embajada ecuatoguineana, no lejos de
la calle 15, para recoger unas maletas, que, como indica
el informe de la comisión de investigación permanente
del Senado, pesaban casi treinta kilos y contenía tres
millones de dólares en fajos de billetes de 100 dólares
embalados en plástico. Llevó este dinero a la sede de la
Riggs y lo ingresó en una de las cuentas de Obiang. El
banco aceptó también depósitos en especie de más de 1,4
millones de dólares en cuentas a nombre de Constancia
Nsue , una de las mujeres de Obiang. La Riggs no
identificó este caso - como tampoco otros depósitos en
especie colocados en cuentas pertenecientes a Obiang y a
Nsue - como "prácticas sospechosas" ante la Office of
the Comptroller of the Curency [OCC, organismo de
control de los bancos con estatuto federal], como debe
hacer cualquier banco cuando sospecha que se están
utilizados fondos ilícitos o que se trata de actividades
de blanqueo de dinero. Fuente:
Editado y distribuido
por ASODEGUEFecha:
27.02.2005
Peter Maass, Mother Jones, San Francisco, USA
"En
el país de Obiang, dictador protegido por
los Estados Unidos" (III)
Peter Maass, Mother Jones, San Francisco,
USA "La comisión del Senado puso de manifiesto
otras muchas actividades fraudulentas. La
banca Riggs ayudó a Obiang a crear la
empresa Otong SA, una sociedad fantasma
establecida en las Bahamas, en cuya cuenta
depositaron 11,5 millones de dólares en
metálico. Al hablar de estas transacciones
con funcionarios norteamericanos, la Riggs
definió a Otong, en varias oportunidades,
como “empresa dedicada a la exportación
de madera”. La banca concedió también un
préstamo de 3,75 millones de dólares al hijo
mayor de Obiang, Teodoro Nguema Obiang,
destinado a la compra en California de un
lujoso apartamento (Teodoro, propietario de
toda una colección de Ferrari, Lamborghini
y Bentley, ha lanzado una firma de discos
de rap en Beverly Hills). Pero todas estas
transacciones no se hacían desde las cuentas
de Obiang: la banca era tan permisiva con Karerei,el gestor
de las cuentas guineanas, que pudo “transferir más de
1 millón de dólares de los ingresos debidos al petróleo
ecuatoguineano a una cuenta de su propiedad en otro
banco”.
Según las conclusiones del informe del Senado, “la banca
Riggs gestionó las cuentas de Guinea Ecuatorial con
desprecio de sus obligaciones respecto a la lucha contra
el blanqueo de dinero, cerró los ojos ante las
informaciones capaces de demostrar que se le estaban
confiando sumas de dinero procedentes de un Estado
corrupto, sin advertir de ello a las autoridades
competentes”.
La comisión senatorial no se ha limitado a dirigir
reproches a la Riggs. “Las empresas petroleras con
implantación en Guinea Ecuatorial, dicen los
investigadores, han favorecido la corrupción en el país
realizando pagos importantes a funcionarios
ecuatoguineanos, a sus familias o a empresas controladas
por ellos, con casi absoluta falta de transparencia”.
Estas conclusiones están en el origen de la
investigación actual de la SEC sobre transacciones de
las empresas petroleras. Aunque la SEC rechaza hacer
cualquier tipo de comentario sobre las investigaciones
en curso, todos los datos inducen a creer que está
analizando posibles violaciones de la ley sobre
corrupción en el extranjero, que prohíbe a las empresas
norteamericanas realizar sobornos, sea directa o
indirectamente.
Empresas norteamericanas como Chevron Texaco, ExxonMobil,
Maratón y Amerada Hess han pagado mas de 4 millones de
dólares para cubrir los gastos escolares y de
mantenimiento a estudiantes guineanos en Estados Unidos.
Según el informe del Senado, la mayoría de estos
estudiantes “se ha demostrado que son hijos, u otro tipo
de parientes, de altos funcionarios o de personas
acaudaladas de Guinea Ecuatorial”. El informe del Senado
describe también pagos hechos por las compañías
petroleras a cuentas de Obiang o de otros miembros de su
familia. Entre 1995 y 2004, millones de dólares
procedentes de empresas petroleras americanas se han
depositado en cuentas suyas – a través de contratos
inmobiliarios y de otro tipo -, y algunos de estos
fondos se han transferido a cuentas en países con escaso
control financiero. Beneficiarios de ellos han sido,
entre otros, la esposa del presidente, los ministros del
Interior de Agricultura, y al menos un general bien
relacionado.
En 2001, Exxon pagó 175.000 dólares a Constancia Nsue –
en tanto que representante de la empresa personal de
Obiang, Abayak SA -, destinados al alquiler de un
complejo que alberga al personal y las oficinas de
Exxon. Esta misma empresa pagó también un alquiler al
ministerio de Agricultura por ocupar uno de sus
edificios y 236.160 dólares a una sociedad perteneciente
al ministerio del Interior. La palma de este tipo de
alquileres se la lleva Amerada Hess, que alquiló una
propiedad inmobiliaria a un pariente de Obiang, de 14
años de edad, por 445.800 dólares.En total Hess pagó
casi 1 millón de dólares en alquileres a altos cargos
ecuatoguineanos y a familiares suyos, aunque esta
empresa haya manifestado ante la Comisión del Senado que
tenía intención de rescindir estos contratos en 2004. ¿A
partir de qué cantidad es caro el alquiler que se paga a
un adolescente, a un general o a la mujer del presidente?
No es fácil responder a esta pregunta. Guinea Ecuatorial
no es un país normal. Una persona residente allí
manifestó respecto a la elite dirigente: “Todo lo que ve,
desde aquí hasta donde le alcanza la vista, les
pertenece”.
Un extranjero que conoce bien el país me lo describió
como “un rancho” propiedad de Obiang. Si, cosa
extraordinaria, el presidente o su familia no son dueños
de algo que usted quiere comprar, lo adquirirán antes
que usted y se lo revenderán consiguiendo de paso un
buen beneficio. Tal como indica el informe del Senado,
este tipo de “dominación económica” implica que
prácticamente cualquier operación comercial puede
enriquecer a un miembro del clan del presidente. “La
forma en la que las empresas petroleras pueden y deben
actuar en una situación de este tipo plantea un cierto
número de problemas de principio”, dice el informe.
Desgraciadamente, la administración Bus está lejos de
constituir un buen ejemplo. El edificio elegido para
reabrir la embajada pertenece a Manuel Nguema Mba, el
ministro responsable de la Seguridad nacional, un
pariente de Obiang al que se le acusa de práctica de
torturas. Tanto el Departamento de Estado norteamericano
como la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas
acusan a Nguema de haber hecho torturar a sus oponentes
políticos ante sus propios ojos. En uno de estos casos,
la victima habría sido golpeada hasta morir. Ahora, el
gobierno norteamericano le paga un alquiler.
Tras haber publicado su informe, la Comisión senatorial
ha convocado una vista pública ante la que han
comparecido bajo juramento el presidente de la Riggs asi
como cuadros dirigentes de ExxonMobil, Maratón Oil y
Amerada Hess. Kareri, alto cargo de la Banca Riggs
encargado de la supervisión de las cuentas, ha invocado
la 5ª Enmienda para no responder. Por el contrario, el
PDG [Presidente Director General de la Banca, Lawrence
Hebert, ha reconocido que la Riggs no había “estado a la
altura de los servicios que requiere la reglamentación”.
En cuanto a que no se hubiesen detectado indicios de
actividades sospechosas, ha hecho responsable de ello a
la debilidad de su sistema informático. El senador Carl
Levin estaba estupefacto, “Señor Hebert, manifestó, no
necesitan ustedes un sistema informático para darse
cuenta de que hay actividades sospechosa cuando su banco
acepta 30 kilos en metálico que les llegan dentro de una
maleta”.
Levin no había hecho más que empezar. Recordó más
adelante que la Riggs había invitado a Obiang a almorzar
en Washington, y que Hebert y otros tres altos
directivos le habían enviado después una carta
expresándole la “gratitud” de la entidad por su visita y
elogiando la “prudencia” de su dirección.
“¿Cómo es posible que dirijan ustedes este tipo de
expresiones a un personaje tan abominable? preguntó
Levin. ¿Cómo hacen ustedes para aguantar semejante
situación?
“Hemos dado prueba de una extrema prudencia para con
este señor”, contestó Hebert.
“¿Cómo que señor? replicó Levin. A este tipo de gente yo
le llamo dictador”.
Llegó después el turno de los directivos de las empresas
petroleras. Andrew Swinger, vicepresidente de ExxonMobil,
fue el primero en prestar declaración: “Los acuerdos que
establecimos eran puramente comerciales, aseguró Swiger.
Deberían permitirnos llevar a cabo las tareas que fuimos
a hacer al país, es decir, explotar los recursos
petroleros y mejorar la suerte de la población”.
“¿Mejorar qué?” preguntó Levin.
“La suerte de la población”, respondió Swiger.
“Se que todos ustedes están en un sector de libre
competencia, les soltó Levin. Pero yo no veo una
diferencia fundamental entre tratar con un personaje
como Obiang o tratar con Saddam Hussein”.
Obiang hace sus inversiones personales vía Abayak SA, y
es a través de Abayak como las empresas petroleras han
hecho un cierto número de pagos dudosos. Se trata de una
sociedad misteriosa. Nadie conoce exactamente su
dimensión, ni a que se dedica. Aunque una nota interna
de la Riggs, localizada por el Senado, la describe como
“una fuente de ingresos importantes para el presidente”.
Decidí por tanto investigarla desde mi llegada a Guinea
Ecuatorial.
Obiang tiene varias mujeres y numerosos hijos – cuarenta
según algunas estimaciones -, pero los dos hijos que más
cuentan para él son Teodoro, el benjamín de los que tuvo
con Constancia Nsue, y Gabriel, el benjamín de los que
tuvo con su segunda esposa. Dadas sus costumbres de
play-boy, Teodoro ha desaparecido un poco de la
circulación durante el último año, mientras que Gabriel
[Nguema Lima , un chico inteligente y trabajador, que no
tiene más que 30 años de edad y es en la actualidad
viceministro de Minas y Energía, Su despacho en Malabo
está situado en la sede del ministerio, un edificio
modesto de dos plantas, delante del que, el día de mi
entrevista con Nguema, picoteaba un gallo. Este despacho,
aunque estaba provisto de un ordenador de pantalla
plana, no es demasiado grande – en la mayoría de los
gobiernos un despacho de este tipo correspondería a un
funcionario de nivel intermedio. En una de las paredes
está colgado el diploma que Nguema obtuvo en el Alma
College (Michigan). Nguema se ha convertido en el
portavoz de su padre en los temas financieros. Le
plantee algunas preguntas sobre el controvertido asunto
de la banca Riggs. “Si Guinea Ecuatorial hubiera querido
hacer algo ilegal, me contestó, lo más sencillo hubiera
sido abrir una cuenta en Suiza, donde nadie sabría lo
que pasa”. Mantiene que si su gobierno ha recurrido a la
Riggs ha sido porque el Departamento de Estado les
recomendó esta entidad. “Nos atenemos a aquello que
ofrece confianza a las empresas norteamericanas”.
Cuando le he preguntado respecto a Abayak, la ha
descrito como una empresa industrial que trabaja en el
sector del cemento y en el del cacao. Le he dicho que
había intentado en vano localizar su sede. Se ha rascado
la cabeza. “Hmm, la sede de Abayak, esa es una buena
pregunta, ha dicho con aspecto incómodo. No creo que
tengan su sede aquí. Sé que trabajan desde aquí, pero no
tienen aquí su sede. La sede debe estar – ha dudado
todavía, mirándose los pies – quizás en casa de mi padre”.
Como la mayoría de los dictadores, al régimen de Obiang
no le gusta que los periodistas vayan a curiosear. Hice
saber a las autoridades que estaba preparando un libro
sobre el petróleo, y no demostraron inquietarse
demasiado por mi presencia... hasta que hablé con el
embajador de España, Carlos Robles Fraga. Lo que sigue
dice mucho de la influencia del gobierno norteamericano
en Guinea Ecuatorial. Me encontré con Robles por azar,
cuando estaba en Ebebiyin por las fiestas de la
independencia. Paseamos por la plaza principal de la
ciudad, una zona atiborrada de responsables de la
seguridad, y mantuve con él una conversación inofensiva
de diez minutos de duración. Al día siguiente, un
consejero de Obiang telefoneó a mi movil y me invitó a
abandonar la celebración porque me había reunido con “el
enemigo”. Tras de algunas citas organizadas rápidamente
y con propósitos tranquilizadores, el asunto pareció
resuelto. Sin embargo, dos días más tarde, el ministro
de Información vino a verme al hotel acompañado de un
colaborador cercano al presidente.
“Peter, nos has causado enormes problemas, me dijo. El
presidente me ha llamado tres veces, y a él, señalando
la cabeza del consejero presidencial, cuatro veces”. Yo
estaba estupefacto de que el presidente se interesara
tan de cerca por mi caso. “¿Está enfadado?, pregunté.
“Todos estamos enfadados”, me respondió el ministro.
Debía abandonar el país. El consejero me condujo al
aeropuerto. Allí, me retiraron el pasaporte y me dijeron
que esperase en la sala de embarque internacional.
Cuando intenté, una hora más tarde, enviar un coreo
electrónico, me orientaron hacia la oficina de la
seguridad, donde el ministro de Información no ha
tardado en aparecer, sudando como un boxeador en el
décimo asalto del combate. Me ha gritado muy cerca, con
propósitos algo incoherentes.
“Eres un espía”, ha dicho agitando su índice en mi
dirección. Es absurdo, le respondí, y, recordado la
baladronada de un colega en Bagdad, acusado de espionaje
por los servicios de seguridad de Saddam Hussein, le
dije que si creía realmente que era un espía no tenía
más que llevarme inmediatamente a la cárcel.
“Déjame ver tu ordenador” me ordenó. Al parecer, no abrí
mi equipaje con suficiente rapidez porque el ministro me
golpeó los antebrazos y me dijo que lo hiciera más
deprisa.
“Si me pasa algo, le dije, habrá un grave problema entre
su gobierno y el mío”.
“¿Me amenaza?” contestó, precisando que dentro de una
semana o dos se le esperaba en Washington para unas
reuniones oficiales.
“Si me hace usted algo, no irá a Washington”, dije.
Entonces, cedió. Si lo que yo decía era verdad – y yo no
sabía nada, nada más que él - , solo conseguiría ponerse
al alcance de la ira de su presidente y provocaría la
cólera del poderoso amigo de su presidente. No me tocó
más.
Dos días más tarde de mi expulsión, el presidente Obiang
se reunió con el encargado de negocios de la embajada de
Estados Unidos, que había venido al aeropuerto para
asegurarse de que me trataban correctamente antes de
tomar el avión con destino a Camerún. Obiang se excusó
de mi expulsión, afirmó que había sido un malentendido y
me invitó a volver como invitado personal. Sus excusas
me sorprendieron: a los presidentes, tanto en las
democracias como en las dictaduras, no les gusta
reconocer que se han equivocado. Obiang, sin embargo, lo
hizo y la explicación más razonable es que temía
desagradar a Washington, su indispensable aliado
Fuente:
Editado y distribuido
por ASODEGUEFecha:
27.02.2005