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"Ricos en petróleo, pobres en derechos humanos" Tortura y pobreza en Guinea Ecuatorial 

 

Alexander Smoltczyk, Der Spiegel, 28 de agosto de 2006 

"La historia de un país que pasa de ser un estado paria para convertirse en un paraíso del petróleo tiene todos los elementos de un cuento de hadas moderno. Pero la realidad es que Guinea Ecuatorial, casi inadvertida por el resto del mundo, está experimentando una tragedia moderna, una historia con puntos negros globales en tiempos marcados por el petróleo y el terror

El Presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, se reúne con con la Secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice: la forma más sencilla de ganarse el beneplácito de Washington es descubrir petróleo. 

Después de un largo viaje en el extranjero, el presidente acaba de aterrizar en Malabo, la capital isleña de Guinea Ecuatorial. Es domingo por la mañana, el cielo es una gran nube que gotea, y hace dos días el precio de un barril de petróleo en la Bolsa de Nueva York alcanzó los 74 dólares USA. Un buen día para Guinea Ecuatorial. El Presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo es un hombre demacrado, un excelente jugador de tenis, y los que le conocen -y tienen intención de permanecer en el país- le describen como modesto y agradable. Las organizaciones de derechos humanos, por otra parte, lo colocan en el mismo nivel que individuos como Idi Amin de Uganda y Pol Pot de

 
 

Camboya. Existen muy pocas formas para dejar de figurar en la lista de estados paria de  los Estados Unidos. Un cambio de régimen, negociaciones o destrucción de armas así como de cámaras de tortura son algunas de las opciones, pero la forma más sencilla para ser considerado un país honorable por los Estados Unidos es descubrir petróleo. Mucho petróleo. Después de todo, a todo el mundo le gusta conducir. 

Obiang se introduce en su limusina a prueba de balas. Antiguo teniente coronel, tiene ahora 64 años y la situación de su próstata le obliga realizar visitas frecuentes a la Clínica Mayo al otro lado del Atlántico. Los hospitales de su país no son tan buenos. De hecho, en realidad es difícil considerarlos hospitales.  

Guinea Ecuatorial tiene ahora la renta per cápita más alta, ajustada según poder adquisitivo, de África. Ninguna otra economía del mundo ha experimentado un crecimiento anual del 30 por ciento de promedio en últimos cinco años. El país tiene menos habitantes que la ciudad alemana de Düsseldorf, pero ingresa cada año varios cientos de millones de dólares de las compañías petroleras. “Desgraciadamente,” escribe el Fondo Monetario Internacional (el FMI) en su informe sobre el país, “esta riqueza no ha conducido a una mejora sustancial en las condiciones de vida.” 

¿Donde está yendo el dinero? 

El Presidente Teodoro Obiang mira fijamente hacia fuera a través de las ventanas oscurecidas de su limusina. La “Carretera del Aeropuerto”, de cuatro carriles, está cerrada al tráfico regular, lo que sucede habitualmente cuando el hijo del presidente, Teodorín, coge su Ferrari para darse una vuelta. Los nuevos almacenes y las áreas residenciales para los nuevos residentes extranjeros del país se alinean a lo largo de la carretera. 

Solo hay que fijarse en los carteles que se suceden en las carreteras - Schlumberger, Exxon, Bouygues y Marathon- para darse cuenta de las consecuencias que el auge del petróleo está infligiendo a este pequeño país del oeste de África. Según uno de ellos, Chevron está “contento de volver a trabajar en la República de Guinea Ecuatorial”. Están allí para hacer negocios con Obiang, y a 74 dólares por barril, ya no es necesario contestar a ciertas preguntas. 

La mayoría de la gente nunca ha oído hablar de Guinea Ecuatorial. En los años 90, este país infestado de malaria, situado en el cuello de África era más conocido por los gorilas, las ranas gigantes y la serpiente mortal de diez pies de longitud llamada Mamba Verde. En el pasado, buques de esclavos se abastecían allí camino de las plantaciones de América. 

El país ganó cierta notoriedad con la película de Nicole Kidman, “El intérprete,” y con la novela de mercenarios y suspense de Frederick Forsyth, “Los perros de la guerra.” Tanto en la película como en el bestseller, el país aparecía retratado como una república miserable en la que se torturaba, con la que nadie querría tener relaciones si no fuera por las materias primas, un oscuro país desheredado que realmente no podría existir más que en la imaginación de los escritores. Forsyth, considerado un  excelente observador, escribió su libro en el hotel Bahía cercano al puerto de Malabo. 

Malabo es la única capital del mundo que carece de periódicos diarios, kioscos de periódicos y de librerías. El único libro que puede comprarse está en un supermercado. Se llama “Manual práctico de Ceremonias” y es una guía de comportamiento para los poderosos y para los que aspiran a ser como ellos. 

El anterior presidente de los EE.UU., Bill Clinton, pidió que se cerrase la embajada de su país en Malabo porque consideraba que su embajador no estaba seguro. Esto acontecía en la primavera de 1995. Solamente unas semanas después, geólogos que trabajaban para Mobil descubrieron un yacimiento de petróleo, ahora llamado “campo Zafiro,” a sólo 20 minutos en helicóptero desde Malabo. Se pensó que era enorme, capaz de llenar 1.200 millones barriles. 

Desde entonces, el único adversario poderoso al que el Presidente Teodoro Obiang debe tener miedo es a su próstata. 

La comitiva del presidente está formada, al menos, por dos docenas de vehículos, todos llenos de guardaespaldas, de soldados y de armas automáticas, como si Obiang planease luchar en una pequeña guerra. Consiguió sus guardaespaldas en Marruecos a un alto precio, el presidente sabe que en algunos de ellos no puede confiar totalmente. Para obtener el poder, mandó fusilar a su tío. 

 
 

Sucedió en 1979, cuando el tío de Obiang, Francisco Macías Nguema, conocido como “Papa Macías,” emprendió una oleada de ejecuciones que afectaron también a algunos parientes cercanos. Después de que el país consiguiera su independencia de España en 1968, Papa Macías mandó matar bubis, una minoría étnica, y forzó el exilio de un tercio de la población del país, asesinando a 65.000 ciudadanos -- y a todo aquello lo denominó  “socialismo.” 

Los únicos países que apoyaban a Guinea Ecuatorial en aquellos años eran Cuba, China, la Unión Soviética y Francia. De hecho, el país fue admitido poco después en la Organización Internacional de Estados Francófonos. 

Papa Macías conmocionaba a los diplomáticos con sus  indignantes declaraciones, incluyendo su afirmación de que Adolf Hitler era el “salvador de África.” El conocimiento de los  intelectuales a nivel mundial se consideró delito. Macías celebraba sus cumpleaños haciendo que se disparase contra los presos políticos en el estadio de Malabo, mientras por los altavoces sonaba su canción preferida, “Ésos eran los días.” En este país incondicionalmente católico, mandó, en una ocasión, crucificar a algunos de sus opositores políticos.  

Antes de que Teodoro Obiang ordenara fusilar a su tío, era el director de la “Prisión de Black Beach,” famosa por las torturas que en ella se cometían. Ahora que es presidente y se desplaza por Malabo, dice que está cansado de oír continuamente estas viejas historias. Después de todo, la Secretaria de Estado de los EE.UU. lo llamó “buen amigo” en una recepción en Washington el pasado 12 de abril. Cuanto más alto es el precio del crudo en Nueva York, mayor es la amistad que se le manifiesta. 

La comitiva del presidente pasa frente a los terrenos donde se encuentran las oficinas locales de Exxon, y después por la poderosa Embajada China. China es importante. Siempre es una buena idea tener varios amigos, sobretodo cuando compran hasta la última gota de petróleo que el país ofrece y que hacen poco más que sonreír y asentir cuando se les dice que un estado africano tiene que ser tratado de forma menos severa que los países de otras  partes del mundo. 

Y especialmente Guinea Ecuatorial. Después de todo, Obiang fue quién organizó las primeras elecciones y quién permitió los partidos políticos, en los que podrían estar los bubis. Por supuesto, se compraría a la mayoría de sus dirigentes. Los que no entendían porqué no se podía criticar al gobierno, fueron enviados a la cárcel para que lo entendieran. “¿Qué derecho tiene la oposición para criticar las acciones de un gobierno?” preguntó el presidente. Severo Moto, líder de oposición que huyó el país, fue recientemente condenado en rebeldía a 100 años de prisión. 

Obiang fue reelegido por casi el 100 por cien de los votantes en las pasadas elecciones, un poco menos que hace cuatro años. Algunos colegios electorales pudieron contar el 103 por ciento de votantes en apoyo del candidato a la reelección, establecían así un autentico récord democrático

 
 

En la gasolinera, la comitiva gira hacia la izquierda, hacia el viejo puerto. Pasa frente a la sede del partido del gobierno y frente a un monumento en honor de Cuba – y entonces  sucede algo. 

Alguien está parado en la calle, es una mujer extranjera que lleva una cámara fotográfica. Es norteamericana, y tiene el permiso para hacer fotografías en el bolso, un permiso por el que pagó 30 dólares en el Ministerio de Turismo, situado en un desvencijado edificio colonial. Los otros 70 dólares deben corresponder a algún tipo de impuesto aplicable a los blancos.  

Bajo el decreto número 42, los turistas pueden tomar fotografías. Pero no hay turistas en Malabo. Nadie toma fotografías aquí. 

Especialmente no las toman del presidente. 

La comitiva acelera y desaparece tras la  guardia y tras las puertas del viejo palacio del gobernador. 

Sin embargo, el último vehículo, un jeep militar, derrapa al detenerse, y da la vuelta para situarse delante de la mujer norteamericana. Un oficial salta, sujetando un arma automática. La norteamericana sonríe, pero el oficial no. 

La americana comienza una "enérgica lucha" con gritos histéricos, mucho movimiento de los brazos y finalmente llora. Los soldados llevan pistolas automáticas. Lanzan a la mujer sobre la parte delantera del jeep, la cachean y finalmente la dejan en la calle, pálida y sollozando. Saldrá del país en el primer vuelo. 

Esa mujer fue muy imprudente. Fue algo muy estúpido. El presidente es especialmente sensible a las cámaras.” El general de brigada, Manuel Nguema Mba, ministro de la seguridad nacional, es un hombre amigable con mala dentadura y una risa fácil. Él es la persona a la que Amnistía Internacional dirige sus apelaciones. Según informes de la Comisión de Naciones Unidas para los derechos humanos, el ministro es conocido por supervisar las torturas de sus enemigos políticos. El gobierno de Malabo cree que torturar a presos no constituye una violación de los derechos humanos, porque los presos no tienen ningún derecho. 

El gobierno de los EE.UU. ha clasificado durante muchos años el Régimen entre los que utilizan la tortura para mantenerse en el poder. De hecho, sólo a partir del 11 de septiembre de 2001 Guinea Ecuatorial dejó de figurar entre los estados parias para pasar a ser un elemento fundamental en la nueva estrategia petrolera estadounidense. Algunos meses después de los ataques terroristas contra Nueva York y Washington, Walter Kansteiner, secretario de Estado para Asuntos Africanos de la administración Bush, convocó a los barones del petróleo para ordenarles “traed ese petróleo a casa”. Se refería al petróleo africano, y “casa”, desde su punto de vista, no era Malabo. 

Los americanos esperan que el golfo de Guinea les haga menos dependientes del golfo Pérsico. Desean poder llenar sus todoterrenos en Idaho sin tener la incómoda sensación de que pueden estar enriqueciendo a sus enemigos políticos. 

Hasta el 11 de septiembre, el presidente de los EE.UU., George W. Bush, trató a África como una especie de Bronx internacional -incorregiblemente pobre, negro y lleno de epidemias repugnantes. Pero entonces sus consejeros pusieron una serie de informes encima de su mesa en los que se describía a Malabo como el “Kuwait de África.” 

En la primavera de 2002, el grupo “Iniciativa de la Política Petrolera en África”, describió la región como de “interés vital” para los Estados Unidos y recomendó establecer allí   una base militar.  

Robert Murphy, de la Oficina de Inteligencia del Estado resumió así la gran ventaja del petróleo africano para los Estados Unidos: “La mayor parte del petróleo del oeste de África se encuentra en mar abierto, lo que lo sitúa lejos de las manifestaciones de  malestar político o social”. Quiere decir que el petróleo puede enviarse directamente a ultramar sin la necesidad de utilizar canales o deltas complicados, y sin el peligro de que algún grupo de liberación atente contra las canalizaciones.  

El Presidente Bush desayunó con Teodoro Obiang en el 2002. Hay una fotografía de la reunión que Obiang hubiera querido llevarse a casa, pero los responsables de la seguridad nacional impidieron su difusión. Su gobierno seguía siendo demasiado desagradable para que la administración Bush lo declarase abiertamente su aliado. 

Los archivos del Departamento de Estado contenían información sobre las “Fiestas de Black Beach” que Obiang había organizado durante la era Macías. Pinchados con barras de hierro candentes, los presos eran forzados a bailar alrededor de un fuego durante horas, cantando canciones de alabanza al dictador. 

Sin embargo, ahora la administración Bush está inmersa en su nueva “guerra de terror.”  En contra de las objeciones de los grupos  defensores de derechos humanos, Bush prometió abrir de nuevo la embajada de los EE.UU. en Malabo. 

Se aumentaron las emisiones para África de “La voz de América” creando nuevas secciones. Los EE.UU. se proponen ahora construir una base militar en el estado isleño de São Tomé i Príncipe para proteger el petróleo de este otro golfo, mucho más favorable.

Mientras tanto, las plataformas perforadoras destacan frente a la costa de Malabo. Exxon, Amerada Hess (Triton), Chevron, Marathon. Se han otorgado las concesiones casi exclusivamente a compañías norteamericanas. Las conexiones petroleras de la administración Bush son muy conocidas. El anterior director ejecutivo de Triton convirtió a George W. en multimillonario vendiéndole el equipo de los Texas Rangers. El embajador del anterior presidente George H.W. Bush en Malabo trabajó posteriormente como consultor de la compañía Ocean Energy. 

Según el ranking establecido por Transparency International, Guinea Ecuatorial es una de las siete naciones más corruptas del mundo. El índice de confianza del país es tan bajo que apenas es perceptible. 

Esto no se contradice con el hecho de que las compañías petroleras, cuando se les pregunta, destacan su colaboración con el gobierno de Obiang. 

Un informe del senado de los EE.UU. de 2004 sobre el lavado del dinero reveló detalles de los negocios petroleros de Malabo. Según el informe, las compañías petroleras han pagado parte de los ingresos correspondientes a Guinea Ecuatorial directamente a la familia del presidente. En un momento dado, el balance de las cuentas de Obiang en el Banco Riggs en Washington ascendió a 700 millones de dólares. 

Se abrió una investigación sobre posibles violaciones de las leyes contra el lavado de dinero y el Banco Riggs tuvo que pagar 25 millones de dólares de multas. 

Según el FMI, los beneficios del  petróleo están siendo ingresadas ahora en cuentas del BEAC (Banco Central de los Estados del África Central). Hay otras cuentas situadas en ultramar, controladas directamente por el presidente. 

Las revelaciones del Riggs fueron desagradables y forzaron a las empresas petroleras a poner en acción toda su maquinaria de relaciones publicas. Se contrataron grupos de presión y despachos de abogados para mejorar la imagen del Presidente Obiang. Exxon envió camiones llenos de medicamentos a poblados de Guinea Ecuatorial. El conglomerado energético, Marathon, lanzó un programa para rociar cada casa de la isla con insecticidas para disminuir la presencia del mosquito del paludismo. Las cuatro compañías aumentaron sus aportaciones para “caridad” en una cantidad estimada en 20 millones de dólares. Es mucho dinero. Alrededor de la cuarta parte del uno por ciento del total de su inversión. 

Para el 2015 los Estados Unidos esperan obtener el 25 por ciento de sus importaciones de petróleo del África subsahariana, lo que superaría las importaciones del golfo Pérsico. 

Con unas reservas estimadas de 1.77 billones de barriles de petróleo, Guinea Ecuatorial produce actualmente 403.000 barriles diarios. El país posee las mayores reservas de petróleo per capita en el África subsahariana. 

En los últimos años, Guinea Ecuatorial - en esencia la propiedad privada del presidente Obiang - obtuvo entre el 20 y el 35 por ciento de los beneficios de las compañías petroleras extranjeras. Es poco si se compara con Nigeria y con Angola. Pero algunas veces es mejor no pedir demasiado. Especialmente cuando eres el presidente de un país pequeño con pobres, pero poderosos vecinos. 

El petróleo se bombea de pozos con profundidades de hasta 1.300 metros (4.265 pies) y se procesa en el mar. El gas natural se lleva a Malabo, donde se licua. Existen planes para desarrollar y convertir a Guinea Ecuatorial en el centro, en el Atlántico, de la industria del gas natural. Marathon acaba de terminar una instalación de licuación del gas natural de 1.4 mil millones de dólares. British Gas ha comprado la totalidad de la producción de gas, o gas natural líquido, para los próximos 17 años, y está construyendo dos cisternas en Corea del Sur con el único fin de transportar el gas natural líquido. A comienzos del año que viene, la parte del león, 3.4 millones de toneladas, será enviada al lago Charles, en Luisiana. Es una ruta muy transitada. Algunas de las ciudades del delta de Mississippi, en Luisiana todavía mantienen nombres africanos. Allí era donde se desembarcaba a los esclavos, los esclavos de Malabo. 

Nosotros no fotografiamos el coche del presidente. Esto es Malabo, no Washington, D.C.,” dice el ministro. En Togo, un mercenario hizo explotar una bomba con un dispositivo de mando a distancia oculto en una cámara fotográfica. El sistema utilizado puede ser copiado por los poderosos de la región. 

El ministro usa zapatos largos, puntiagudos, y hechos de piel de cocodrilo. Hay algo desagradable en ellos. “Bueno, no hablemos más de eso. El asunto está resuelto. ¿Le gusta mi hotel?” 

El ministro Mba ha aplastado varios intentos de derrocar al presidente. Como recompensa, le permitieron construir un complejo residencial a lo largo de la Carretera del Aeropuerto, con oficinas, un hotel asombrosamente costoso y con seguridad 24 horas. 

El complejo se llama Paraíso. “El nombre fue idea mía,” dice el ministro. Suena su teléfono y desaparece en la habitación contigua sin decir una palabra. Cualquier persona que desea hacer dinero en Malabo actualmente se hospeda en el Paraíso. El aire en el pasillo es frío y está saturado de humo. En las pantallas planas de televisión puede verse un partido de fútbol de la liga inglesa. Un grupo de consejeros militares israelíes, un representante de una compañía que hace lanchas patrulleras y James “Jaydee” Dale están sentados en butacas en el pasillo. 

Dale es un general jubilado, un hombre bondadoso, del sur de los EE.UU. que representa al grupo denominado MPRI. El MPRI es una de las agencias militares privadas más grandes del mundo, y trabaja generalmente en aquellos sitios en los que el Pentágono quiere pasar desapercibido. Éste es el lema del MPRI: "Si trabajas para quienes crían cochinos, tienes que ir a sitios donde apesta". 

Esto es lo que ha traído a Dale a Malabo. 

Si te peleas con el presidente, olvídate de las reglas,” dice. El MPRI ha trabajado para el Pentágono en los Balcanes, en Irak y en Afganistán. El Departamento de Estado ha contratado a Dale y a su personal para que entrenen durante un año a los guardacostas del país para proteger las plataformas petroleras. 

Dale está demasiado bien pagado como para que nos proporcione más información. Su jefe, sin embargo, dijo esto del  régimen de Obiang: “Tienen un expediente bastante pobre en lo que hace a los derechos humanos, pero eso le pasaba también al gobierno nazi, y nos fue bastante bien con Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.” 

La política de Washington es no enviar consejeros militares oficiales a Malabo, y dejar el trabajo a las empresas privadas. Los EE.UU. llaman a esto una política de “bajo perfil”. Su nueva embajada es un edificio residencial en el camino hacia el aeropuerto con gallinas picoteando por el patio. No hay infantes de marina, sólo dos guardias locales y una simple señal en la puerta que dice “Embajada de los EE.UU., Guinea Ecuatorial”.  La oficial consular, Maureen McGovern, es tan discreta que en las recepciones la confunden muchas veces con la niñera. 

Es una presencia discreta. El alquiler del edificio se paga directamente al dueño. Se trata del ministro de Seguridad Nacional - el hombre con zapatos de piel de cocodrilo. 

La multitud congregada en el hotel Paraíso, formada por discretos consejeros militares y por representantes de vendedores de armas, tiene mucho que ver con el elevado precio del petróleo, con el líder terrorista Osama bin Laden y con un envejecido Boeing 727 al que se detuvo en marzo de 2004 durante una escala en Harare, Zimbabwe. El avión estaba repleto de sprays de pimienta, palancas, mazos y mercenarios. Iba camino de Malabo. 

El aviso llegó desde Suráfrica. Una avanzadilla esperaba en Malabo. Extrañamente, uno de los que financiaba la operación tenía el mismo nombre que la anterior primera ministra  británica. Era Mark Thatcher. 

Fue una chapuza para derrocar a Obiang y conseguir su dinero”, dijo un diplomático en Berlín. “Aparentemente hicieron los preparativos a partir de un libro de Forsyth, es más, incluso copiaron el nombre en clave”. 

Margaret Thatcher pagó 165.000 libras ($313.062) de fianza para conseguir la liberación de su idolatrado hijo. Los demás mercenarios fueron condenados y liberados recientemente, con la excepción de un alemán llamado Gerhard Merz, que murió en Black Beach tras estar encerrado allí unos pocos días.  

El Ministro Manuel Mba sostuvo que un líder de la oposición, exilado en España, era el responsable de la tentativa de golpe y exigió su extradición inmediata. Hoy, hay muchos que consideran que el golpe era una pantalla para reasignar las concesiones petroleras.  

A cambio de su papel en el desbaratamiento del golpe, al hombre de negocios surafricano Tokio Sexwale, un icono de la lucha contra apartheid, le prometieron los yacimientos de petróleo de la sección R, un área que había sido reservada previamente para la compañía petrolera francesa Total. 

Al final de la tarde, los hombres del petróleo se sientan alrededor de las mesas cubiertas con botellas de cerveza vacías en el hotel Paraíso. Más adelante, en el karaoke, uno de ellos salta, completamente vestido, a la piscina. Vienen del norte de Inglaterra, de Croacia, de Houston y de Filipinas. 

Tengo dos vidas,” dice Mark, un ingeniero perforador de la compañía Marathon, acompañado por una muchacha de ojos melancólicos. Ha utilizado sus ganancias en el petróleo para comprar una granja en Yorkshire, con caballos para sus dos hijas y rodeados por un seto donde los mirlos hacen sus nidos. 

En Malabo, tiene siempre una chica camerunesa en su habitación, toma muchas pastillas contra la malaria y pasa tres meses, todos los días de la semana, trabajando en turnos continuos en la plataforma. Dice: “Tengo problemas para explicar mi vida aquí a las gentes de mi país”. 

La mayor parte de los hombres que llegan con Marathon van directamente del aeropuerto a un complejo de la compañía situado en la península de Punta Europa, se trata de una especie de zona verde de alta seguridad, con completo acceso wi-fi de Internet donde hay señales que establecen que la velocidad máxima es de 25 kilómetros/hora,bungaloes con aire acondicionado y con servicio telefónico local para las llamadas a Houston. 

Cuatro mil personas viven aquí, incluyendo cerca de 1.000 americanos. Marathon compró el terreno, unos 120 acres, directamente del presidente. Tiene su propio sistema de agua y de energía, hospitales y supermercados. Los del petróleo le llaman “Pleasantville”. 

A pesar de las comodidades, todos los trabajadores cuentan los días que les quedan para coger el “Houston express,” un vuelo directo a casa. Pocas son las personas que ponen un pie en el centro de Malabo, situado sólo a unos pocos kilómetros de distancia. 

Malabo se asienta como una gota de sudor sobre su puerto, una colección de aletargados edificios coloniales, chabolas hechas a mano, bares de encuentro y las ostentosas  casas nuevas de la nueva aristocracia surgida de la corrupción. La ciudad parece arrastrarse hacia su futuro a un paso de tortuga. En su población de 50.000 habitantes, no hay mendigos ni sonrisas. 

Hace solamente 15 años, la guía de teléfonos de Malabo tenía dos páginas, ordenándose solo por el nombre del titular. El único hotel de la ciudad no tenía agua, ni luz, ni cocina. Los coches eran raros y el asfalto casi desconocido. 

Hoy en día hay Toyota aparcados delante de casuchas, y los teléfonos móviles exceden en número a los habitantes. Sin embargo, la ciudad  carece todavía de agua corriente. Se han iniciado varios proyectos de saneamiento, pagados con ayuda exterior, que se han interrumpido sin resultados visibles. 

Se esta construyendo en la parte vieja de la ciudad, en el barrio español. Prácticamente todo lo construido en Malabo pertenece al clan de Obiang. La respuesta estándar a “¿quién está construyendo este hotel?” es “el presidente.” ¿Y el dueño de este fantástico y elegante edificio de apartamentos?Es de Hassan, el hijo más joven del presidente.” ¿Y quién trae mecánicos desde Maranello para mantener un Ferrari?Teodorín, el hijo del presidente y ministro de la Agricultura”. 

El poder y la arrogancia se reflejan en los todoterrenos desplegados delante de edificios de oficinas con aire acondicionado, en los oficiales de la policía con gafas de sol reflectantes y en sus látigos hechos con cables eléctricos que utilizan para ordenar a los pasajeros dentro del ferry. 

Uno de los pocos europeos que se siente cómodo en Malabo es Jean-Louis Ecard, natural de la región francesa de Borgoña. Ha estado casado en cuatro ocasiones, se enorgullece de su semejanza a Anthony Quinn, en su última etapa, y dirige el restaurante de Le Bourguignon situado en el centro cultural francés. “¿Pobreza? No te engañes,” dice. “La gente vive en la inmundicia, pero tienen coches delante de sus casas. Hay más teléfonos móviles que residentes. Hey!” Una rata marrón pasa corriendo y un camarero la aplasta  contra la pared. “Esto es Malabo. No tiene nada en común con el resto de África. ¿Has visto a alguien sonreír aquí? ¿Ves? No les gustan los extranjeros. Para ellos los blancos son ladrones, misioneros u otro tipo de insulto, desdeñan y golpean a los inmigrantes”. 

Ecard ha vivido en Malabo el tiempo suficiente como para que haya que escuchar con atención sus palabras: “Aquí la gente no está preparada para la democracia. Los europeos deben tomar nota de lo que hacen los americanos. Ellos si saben lo que están haciendo. Lo único que les interesa es su petróleo, no sus almas”. 

Ecard es un excéntrico. Casi nadie habla libremente en Malabo, no mientras haya una prisión en Black Beach con sus cámaras de tortura. Algunos empleados de las compañías petroleras han sido devueltos rápidamente a sus países tras criticar en cierta medida el régimen. Incluso Pleasantville tiene oídos. E incluso desde detrás de la pared del monasterio, encima del puerto, el padre superior cierra la puerta antes de hablar diciendo que ha tenido que pagar la fianza de demasiados monjes para que salieran de Blac Beach. “Aquellos que dicen la verdad acaban en la cárcel.” Habla de aviones que caen y de los que nadie puede hablar y de la isla de Annabón, donde el gobierno está enterrando basura nuclear a cambio de mucho dinero. 

Hubo una epidemia de cólera el año pasado. Tuvimos que rezar día y noche, y enterrar a los muertos. El gobierno todavía niega que hubiese una epidemia, eso ponía en peligro la oferta de ayuda de España”. 

El monje dice: “La abundancia ha caído en el país como una peste, sofocando la economía local. No existen otros valores. Todos los que disfrutan de ella se consideran importantes. Nadie quiere aprender, solo están interesados en ganar dinero del petróleo”. 

El "principio del tanque de agua". 

Es un fenómeno que los economistas denominan “la maldición de las materias primas”. ¿Por qué trabajar cuando el dinero nace de la tierra? Ciudades enteras se pierden en el letargo, la agricultura y el comercio disminuyen hasta prácticamente desaparecer y la sociedad se convierte en un conjunto de pensionistas y beneficiarios del petróleo. Son los inmigrantes quienes hacen el trabajo. La sociedad se ha convertido en una burguesía a merced del precio del petróleo, espectadores pasivos de cómo petroleros navegan hacia el oeste a lo largo del horizonte, al igual que en Kuwait. 

Y al igual que en Kuwait, en los supermercados de Malabo se venden huevos importados de Holanda y carne de España. El país dispone de sus propias fuentes de agua, pero, sin embargo, el agua mineral se importa de Portugal. 

Obiang prometió cooperar con el Banco Mundial, y substituyó a algunos de sus parientes en puestos del gobierno por  tecnócratas. Pero la capital, Malabo, aún carece de agua corriente y de un sistema eléctrico fiable, es más, no hay un sistema de seguridad social digno de mención. The Economist escribió en su informe sobre el país que no parece que  Obiang tenga verdadero interés en las reformas económicas más allá de la retórica y del reforzamiento de su imagen. 

El FMI ha recomendado a Obiang que establezca un fondo de recursos similar al de Botswana y de Noruega. El dinero proveniente del petróleo se guardaría en un fondo y se iría utilizando sensatamente. Eso requeriría el software de un estado moderno. Requeriría que los ministerios funcionasen, garantías jurídicas y transparencia y ningunas de estas cosas existen en Malabo. Por contra, la economía se basa en un principio que se podría denominar "el principio del tanque de agua". Los bolsillos de los poderosos y de sus familias están ya llenos  y rebosan. Algo de agua llega a la clase media, y las primeras gotas llegan al fondo. Hay coches aparcados incluso delante de chabolas. Son simplemente moléculas en la cadena de riqueza del país, pero parece que es suficiente para mantener a las personas contentas. La esperanza es el arma más poderosa de la represión. 

No existe oposición de importancia. Severo Moto, el presidente del Partido del Progreso que huyó del país, y que se encuentra ahora en Madrid, se ve obligado a observar como Obiang es recibido por la Comisión Europea con todos los honores. 

Por la noche, la península de Punta Europa y sus instalaciones modernas destacan como una nave espacial naranja en medio de los árboles. Un hombre con las sienes canosas viene de Houston. Ha asistido a importantes reuniones con Marathon y  Exxon, le gusta su trabajo y, por eso, prefiere no revelar su nombre. 

Comenta: “Esto es el culo del mundo. Nuestros jefes odian la corrupción, odian a estos individuos y sobretodo odian su protocolo. Tienen más personas dependiendo de ellos que residentes hay en el país. Vuelan a Houston en sus jets. Pero cuando están aquí, se reúnen con un ministro que puede cancelar las negociaciones si alguien se atreve a sentarse antes de que lo haga él o descuida llamarle Excelentísimo.” 

Están los ruidosos tejanos, acostumbrados a conversaciones burdas en los clubs de música de su país. Están los militares que parecen vestidos de ministros, están los que han vivido la colonización y que piensan en  términos de las tribus Fang y Bubi, atrapados en la red del paternalismo. 

Pero ése es el trato. Lo que los tejanos quieren es que les dejen en paz mientras  extraen, hasta  2032, la mayor cantidad posible de recursos del subsuelo  y después salir de allí lo más rápidamente posible. A cambio, el régimen exige 25 centavos de cada dólar y la garantía de que, también a ellos,  les van a dejar en paz, ningún golpe de estado, ninguna intervención, ningún discurso excesivo sobre los derechos humanos. Y de vez en cuando una foto del presidente con George W. Bush. 

El objetivo aquí es el dinero, no las almas. Puede haber alguna mención a la cooperación con funcionarios locales en los informes de Marathon y Exxon. Pero la amistad superficial enmascara una realidad bien distinta. “El tejano sabe, por supuesto, que el socio que se sienta al otro lado de la mesa no es una “excelencia,” sino “un hijo de una perra.” En el fondo se desprecian a si mismos. Unos y otros se desprecian. Y todos saben lo que en realidad piensan los unos de los otros". 

No tiene ningún sentido. Unos son de las islas de esclavos mientras que los otros son los descendientes de los dueños de las plantaciones: amo y esclavo, blanco y negro, agua y aceite".

  [http://www.spiegel.de/international/spiegel/0,1518,434691,00.html]

Editado y distribuido por ASODEGUE
 

 

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