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RESUMEN: Este artículo analiza la
economía política del petróleo en
Guinea Ecuatorial, uno de los
últimos y más importantes países
productores de crudo en África.
Comienza con una breve historia del
país y su reciente experiencia de
desarrollo con petróleo. El artículo
continúa integrando la experiencia
de Guinea Ecuatorial en el ámbito de
los estudios que relacionan la
abundancia de recursos naturales por
un lado, con una pobre trayectoria
de desarrollo, de autoritarismo y
conflicto civil por otro. El
artículo concluye argumentando que
el petróleo ha exacerbado patologías
ya presentes en la economía política
de Guinea Ecuatorial, allanando el
camino para futuros problemas de
subdesarrollo, inestabilidad y
gobierno autoritario, problemas
todos ellos que podrían verse
aliviados en alguna medida de
producirse cambios en la política
exterior de los Estados Unidos en
esta región.
INTRODUCCIÓN
En Marzo de 2004 el gobierno de
Guinea Ecuatorial arrestó a
diecinueve mercenarios acusados de
tramar un golpe de Estado en este
diminuto, aunque rico en petróleo,
país africano. Entretanto, el
gobierno de Zimbabwe arrestaba a
otros setenta mercenarios
supuestamente en camino desde
Sudáfrica para apoyar el golpe.
Capitaneados por el mercenario
sudafricano Mark du Toit y
financiados por, entre otros, Sir
Mark Thatcher, los conspiradores
esperaban sustituir al Presidente
Obiang Nguema por el líder opositor
Severo Moto, en el exilio desde hace
largo tiempo. [1]
Este dramático giro de los
acontecimientos pone de manifiesto
el renovado interés por esta antigua
colonia española de África
Occidental. El reciente
descubrimiento de ricas reservas de
petróleo en el lecho marino de la
costa atlántica del país, ha
convertido ya a Guinea Ecuatorial en
el tercer productor de crudo del
continente africano, con una
producción diaria estimada de
181.400 barriles. [2] El
descubrimiento la ha convertido en
objetivo de inversiones foráneas
procedentes de todo el mundo, y en
especial de Estados Unidos. El
crecimiento económico ha sido el más
acelerado del mundo y el FMI [Fondo
Monetario Internacional] predice un
impresionante índice de crecimiento
del 45.1% para el 2005. [3] Este
rápido crecimiento, unido a una
población de menos de 500.000
habitantes, ha elevado la renta
media per cápita hasta la asombrosa
cantidad de 50.240 dólares, la
segunda más alta del mundo después
de Luxemburgo. [4] La riqueza
petrolera de Guinea Ecuatorial
podría transformar al país de su
condición de periferia en centro
económico. No obstante de poco se
han beneficiado las clases populares
del país, --la creciente pobreza, la
enfermedad y las desigualdades
persisten. [5] La esperanza de vida
se ha estancado lamentablemente en
los 49 años, mientras el desempleo
supera el treinta por ciento. [6]
Las rentas generadas por el petróleo
han consolidado el brutal y
autoritario régimen del Presidente
Nguema, propiciando la actividad
criminal del que ya es uno de los
estados más perversos del planeta.
El incremento de las tensiones
étnicas y regionales, la reciente
trama golpista, y una intentona
semejante sucedida en 2003 apuntan a
un aumento de la inestabilidad
política en los años venideros. [7]
Esta combinación
de paupérrimos resultados en lo que
hace al desarrollo del país,
autoritarismo enquistado, e
inestabilidad política, reproduce
las experiencias de otros países
ricos en recursos naturales a lo
largo y ancho del planeta. La así
llamada “maldición de los recursos”
(resource curse) ha frustrado
las esperanzas de muchos
exportadores de materias primas con
bajas rentas y ha producido un
amplio intento de explicación de
este, en apariencia paradójico
resultado, en la literatura
académica.
Esta
variada literatura puede ayudar a
explicar la difícil situación en que
se encuentra Guinea Ecuatorial,
arrojando luz sobre lo que le
deparará el futuro –mayor
subdesarrollo, pocas oportunidades
para la democratización, incremento
de la inestabilidad política, y
violencia. Sin embargo, el mejor
trabajo de la literatura sobre la
“la maldición de los recursos”
reconoce que la economía política
del petróleo de Guinea Ecuatorial
seguirá su propio y a menudo
idiosincrásico camino. El reducido
tamaño de Guinea Ecuatorial, la
generalización de los delitos en las
altas esferas del gobierno, la
peculiaridad de sus divisiones
étnicas y regionales, su pasado
marcado por un autoritarismo
gubernamental extremo, su relevancia
estratégica para los Estados Unidos,
y la situación de sus yacimientos de
off-shore, condicionarán de
manera significativa la relación de
este país con la “maldición de los
recursos”. En última instancia, la
difícil situación de Guinea
Ecuatorial confirma los argumentos
centrales de la literatura académica
sobre esta maldición y proporciona
un ejemplo extremo de los peligros
que lleva consigo un proceso de
desarrollo basado en los recursos
naturales en estados frágiles.
Este artículo analiza la economía
política del petróleo en Guinea
Ecuatorial desde la perspectiva de
la literatura académica de “la
maldición de los recursos”. Comienza
con una breve historia del país y su
reciente experiencia de desarrollo
basado en los beneficios obtenidos
del petróleo. El artículo continúa
hasta integrar la experiencia de
Guinea Ecuatorial en el ámbito de
los estudios que relacionan la
abundancia de recursos naturales por
un lado, con una pobre trayectoria
de desarrollo, de autoritarismo y
conflicto civil por otro. Concluye
argumentando que el petróleo ha
exacerbado patologías ya presentes
en la economía política de Guinea
Ecuatorial, allanando el camino para
futuros problemas de subdesarrollo,
inestabilidad y gobierno autoritario,
problemas todos ellos que podrían
verse aliviados en alguna medida de
producirse cambios en la política
exterior de los Estados Unidos en
esta región.
GUINEA ECUATORIAL: DEL VILLORRIO
TROPICAL AL KUWAIT DE ÁFRICA.
Guinea Ecuatorial ha sido hasta
hace bien poco uno de lugares más
atrasados de África. Río Muni, un
pequeño fragmento del continente
africano entre Congo-Brazaville y
Gabón, y la isla de Bioko integran
este diminuto país de menos de medio
millón de habitantes. Durante la
colonización española las
exportaciones de cacao dominaron la
economía, mientras que los
extranjeros, en su mayoría españoles
y nigerianos, controlaban un
reducido sector servicios. La
inmensa mayoría de los
guineoecuatorianos mantuvieron su
condición de agricultores de
subsistencia con poca o ninguna
incorporación a la economía de
mercado. Los limitados servicios
sanitarios y educativos, unidos al
poco desarrollo de sus
infraestructuras fuera de las
principales ciudades, dejaron a la
colonia en un estado de manifiesto
subdesarrollo. Así pues, el
colonialismo no creó ni un mercado
nacional unificado, ni unas
instituciones estatales eficientes,
dejando a la población
ostensiblemente empobrecida. [8]
Desgraciadamente, la
independencia fue el preludio de un
período todavía peor, marcado por la
decadencia económica y una brutal
dictadura. Macías Nguema, primer
presidente del país, llegó al poder
en 1968 por medios más o menos
democráticos, impulsando a
continuación la creación de uno de
los regímenes más opresivos del
África poscolonial, solo comparable
con el de Idi Amin en Uganda. El
gobierno de Nguema combinó las
peores características del
caudillo latino americano y del
Big Man africano, centralizando el
poder y alentando un peligroso culto
a la personalidad. [9] Puso en
marcha un proceso clásico de purga
de la oposición, especialmente
dirigida contra lideres
tradicionales e intelectuales. Su
reinado de terror condujo a la
muerte o forzó al exilio a entre un
tercio y la mitad de la población
del país. Además este proceso
condujo al hundimiento de su
economía: la expulsión de los
expatriados nigerianos y españoles
provocó una caída del 90% del PIB
al desintegrarse prácticamente la
industria del cacao. [10]
Nguema hizo que la mayoría de los
puestos del gobierno fueran ocupados
por miembros de su familia y de su
clan esangui, perteneciente a la
etnia fang que domina Rio Muni, el
territorio continental. Discriminó
abiertamente a la etnia bubi,
predominante en Bioko, y asesinó a
casi todos los políticos
pertenecientes a la misma [11]. Esta
brutalidad y favoritismo
generalizados alimentaron las
tensiones étnicas entre fangs y
bubis, que conjuntamente constituyen
el noventa por ciento de la
población del país, y también
fomentó divisiones entre los
diferentes clanes fang. Dado que los
fang dominaban el área continental y
los bubi la isla, aquellas tensiones
adoptaron un claro carácter regional.
[12]
Con el paso del tiempo, Nguema
comenzó a asesinar a un número
creciente de miembros de su propio
clan y de su familia, perdiendo así
las simpatías de incluso sus más
fervientes seguidores. Teodoro
Obiang Nguema, sobrino de Macías,
inició un violento y exitoso golpe
de Estado en 1979 y llegando al
poder con la etiqueta de
“libertador”. Su régimen puso fin al
reino del terror pero mantuvo el
estado policial y el aparato
dictatorial puesto en marcha por
Macías. Obiang permanece en el poder
hasta el día de hoy, mientras su
clan esangui ostenta un control casi
absoluto del país. Los grupos de
derechos humanos lo describen
reiteradamente como uno de los más
broncos dictadores del mundo,
denunciando flagrantes abusos de los
derechos humanos y fuertes
restricciones de las libertades
civiles y políticas. [13].
Con Obiang, Guinea Ecuatorial se
convirtió en un modelo de estado
criminal, con muchas de sus más
altas instituciones envueltas en una
miríada de conductas delictivas.
Bayart, Ellis e Hibou, en su pionera
obra sobre la evolución hacia la
criminalidad del estado africano,
catalogan a Guinea Ecuatorial como
uno de los tres únicos países de
este continente merecedores desde el
principio del apelativo de “Estado
criminal”, en la medida en que el
aparato del gobierno habría llegado
a estar íntimamente relacionado con
actividades delictivas a gran
escala. [14] La obra de Robert
Klitgaard Tropical Gangsters
[Gángsters Tropicales] describe el
año que estuvo trabajando allí [en
Guinea Ecuatorial] para el Banco
Mundial. Describe una población
terriblemente empobrecida gobernada
por corruptos, y en última instancia
ineptos, gángsteres involucrados en
una intensa actividad delictiva y en
abusos de los derechos humanos. [15]
Entre las ya conocidas “industrias
criminales” que se desarrollaron en
Guinea Ecuatorial estaban el vertido
de desechos tóxicos, el tráfico de
drogas, la pesca ilegal, el
contrabando de armas y de aeronaves,
y el trabajo forzado de niñ@s. [16]
A mediados de los años 90 Guinea
Ecuatorial se había convertido en
el prototipo de estado criminal,
manteniendo un sistema político
autocrático, con tensiones étnicas y
regionales, al tiempo que continuaba
sufriendo un extremo subdesarrollo y
violaciones de los derechos humanos.
El descubrimiento en 1995 de un
campo petrolero offshore por
un centro de exploración de Mobil,
el pozo Zafiro, despertó grandes
esperanzas de cambio. Desde entonces
se han encontrado yacimientos de
petróleo en otros muchos sitios de
la plataforma continental tanto de
Bioko como de Río Muni, convirtiendo
a Guinea Ecuatorial en el productor
de petróleo reciente más importante
de África. El crecimiento económico
ha alcanzado un promedio del 41%
anual, a la vez que se ha producido
un boom urbanístico en la capital,
Malabo, así como en las ciudades
petroleras de Luba, en Bioko, y de
Bata, en el continente. Las empresas
del sector energético han invertido
miles de millones de dólares en el
país durante la pasada década, y el
vuelo semanal “Houston Express”
enlaza directamente Malabo y Texas.
[17] Sin embargo, los beneficios
derivados de esta bonanza económica
quedan en manos de una reducida
elite, sin que la mayoría de la
población se beneficie del efecto
“goteo” (trickle-down effect).
La industria del petróleo sólo
emplea a unas 10.000 personas, en su
mayoría expatriados o emigrantes
provenientes de los EEUU, Nigeria,
Filipinas, y Camerún. Además, pocos
de los beneficios derivados del
petróleo se han invertido en
programas destinados a mejorar la
calidad de vida de la población,
como ilustra un gasto medio en salud
de tan sólo un 1,23 % del PIB. [18]
Evidentemente, el boom petrolero ha
contribuido muy poco a mejorar las
condiciones de vida de la mayoría de
l@s ecuatoguinean@s.
Aunque para la mayoría de la
población del país poco ha cambiado,
lo cierto es que el petróleo ha
enriquecido enormemente a la
camarilla gobernante. La
dilapidación de los beneficios del
petróleo en fastuosos gastos
personales ha crecido hasta alcanzar
grotescas proporciones. El propio
Obiang ha comprado una
multimillonaria mansión en las
afueras de Washington D.C. Su hijo
Teodorín se ha convertido en un
habitual de Manhattan, Hollywood y
Paris, donde es conocido por
conducir sus múltiples coches de
lujo de un lado a otro de los Campos
Elíseos. Incluso ha fundado su
propia compañía discográfica
radicada en Los Ángeles. Un
escándalo reciente de corrupción, en
el que estaba involucrado el
washingtoniano Banco Riggs implicaba
al banco y a Obiang en un asunto de
transferencia ilegal de millones de
dólares de las cuentas del tesoro
público guineoecuatorial hacia
cuentas privadas. Además, la mayor
parte del dinero que Obiang gasta
dentro del país va a parar a
descomunales e insensatos proyectos,
tal como la construcción de una
nueva capital, Malabo 2, en lugar de
a la construcción de carreteras
entre poblaciones, nuevas escuelas,
o nuevos hospitales. [19]
A pesar de este desastroso y
manifiesto record de violaciones de
los derechos humanos, corrupción y
criminalidad, el gobierno de los
Estados Unidos ha trabajado de
manera continuada para mejorar las
relaciones con Guinea Ecuatorial. En
sus esfuerzos para reducir la
dependencia del petróleo de Oriente
Medio, los Estados Unidos han
invertido mucho en África
Occidental. Guinea Ecuatorial
proporciona una oportunidad de
inversión especialmente atractiva
para las empresas norteamericanas (también
para otras) dado que sus dirigentes
han concedido gustosamente
condiciones mucho más lucrativas que
las de otros gobernantes africanos.
De acuerdo con un informe del FMI de
1999, por ejemplo, las empresas
petroleras disfrutaron del que es,
con mucho, el más generoso paquete
impositivo, recibiendo además los
dividendos más altos por su
participación en las distintas
concesiones en la zona. [20] El
Presidente Bush, a pesar de las
protestas de los grupos pro derechos
humanos, ha reabierto la embajada
norteamericana en Malabo y se ha
reunido personalmente con el
Presidente Obiang para discutir la
seguridad del petróleo en la región,
mostrando así la importancia que
esta zona ha alcanzado para la
política exterior de los Estados
Unidos. Actuando así, los Estados
Unidos se han abstenido, en sus
relaciones con Guinea Ecuatorial, de
cualquier intento de promover tanto
la democracia como una más
equitativa distribución de la
riqueza. Los recientes intentos de
golpe de estado solo han conseguido
fortalecer la determinación de
Estados Unidos de apoyar al régimen,
ya que la inestabilidad de la región
en un futuro podría afectar
dramáticamente a la producción de
crudo. La expulsión, de acuerdo con
premisas nacionalistas, de los
trabajadores extranjeros, por
ejemplo, podría suponer una prueba
catastrófica para los intereses de
los EEUU, así como para otros países.
Sin embargo, los EEUU deberían
cambiar su política en este ámbito,
promoviendo la democratización y un
desarrollo económico más equitativo
del país. [21]
El futuro de Guinea Ecuatorial
depende en gran medida del papel que
jueguen factores exógenos, tales
como la ayuda norteamericana, el
apoyo extranjero a los intentos de
golpe de Estado, y la magnitud de
los futuros descubrimientos de
yacimientos petroleros. Por lo demás,
su particular experiencia historia
condicionará de forma determinante
los efectos del petróleo sobre la
economía, las instituciones y la
sociedad. No obstante, las muchas
similitudes existentes entre los
distintos países exportadores de
recursos hacen necesario un análisis
comparativo de la economía política
de los recursos naturales.
ABUNDANCIA DE RECURSOS NATURALES Y
POBRE DESARROLLO ECONÓMICO
Aproximaciones Económicas
La más antigua rama dentro de la
literatura sobre la “maldición de
los recursos” se centra en el
estudio de la tendencia de los
países con abundantes recursos
naturales a padecer un bajo
crecimiento económico y
decepcionantes resultados en su
desarrollo. Los economistas
latinoamericanos Hans Singer y Raul
Prebisch fueron dos de los primeros
estudiosos en hablar de este asunto.
Argumentaron que los exportadores de
materias primas padecen deterioro
de los términos de intercambio en el
largo plazo. Aducían que los precios
de las materias primas en el mercado
mundial caen en relación con los
precios de los bienes manufacturados,
ocasionando a los productores de
materias primas el deterioro de su
balanza de pagos y bajo crecimiento
económico. [22] Los datos empíricos
que sostendrían su alegato no han
resultado determinantes, habiendo
estudios que muestran esta
disminución y otros que, sin
embargo, señalan términos de
intercambio más estables. Cuddington
y Wei, por ejemplo, no encontraron
apoyo para la hipótesis de
Prebisch-Singer al llevar a cabo un
análisis estadístico de la misma.
[23] Sapsford y Balasubramanyan, en
el otro extremo, si encuentran
evidencias que sostienen la
hipótesis de Prebisch y Singer.[24]
Desde los años 80, sin embargo, los
términos de intercambio se han
deteriorado en todo el mundo en
relación a las materias primas,
alcanzándose un mayor consenso en
relación con el hecho de que, al
menos durante este periodo de tiempo,
el deterioro de los términos de
intercambio ha representado un grave
problema para muchos países.[25]
Aunque el menoscabo de los términos
de intercambio no ha afectado
todavía a la industria petrolera de
Guinea Ecuatorial, la economía esta
concentrada hasta tal punto
alrededor de la producción de crudo
que el futuro deterioro en los
término de intercambio resultará
devastador para la economía
guineoecuatoriana.
Los economistas han argumentado
que la abundancia de recursos
naturales puede tener otros efectos
negativos sobre las economías.
Algunos han sospechado que rápidas
fluctuaciones en los mercados de
materias primas podrían fomentar la
propensión de las economías
dependientes de dichos productos a
ciclos de bonanza y quiebra
económica (boom and bust),
así como a desalentar la inversión
privada. [26] En mercados volátiles
como el del petróleo, esto puede
resultar especialmente problemático.
Sin embargo, tendremos que esperar a
la próxima fluctuación en los
precios del crudo para ver si esto
afecta a Guinea Ecuatorial de un
modo significativo, aunque todo
indica que una drástica reducción de
los precios del petróleo devastaría
la economía del país, dado que el
90% de las exportaciones proviene
del petróleo. [27] La extremadamente
volátil naturaleza de los mercados
del petróleo desde 1971 sugiere, con
toda probabilidad, futuras
fluctuaciones, las cuales podrían
resultar muy peligrosas para el
futuro de Guinea Ecuatorial a no ser
que los dirigentes del país puedan
acometer políticas efectivas que
contrarresten dichos efectos.
Otro aspecto del desarrollo
basado en las rentas derivadas del
petróleo que ha recibido atención
académica hace referencia a la
escasa vinculación entre el sector
en auge y el resto de la economía.
[28] Hasta ahora este problema ha
causado constantes dificultades a
Guinea Ecuatorial. Puesto que la
mayoría de las inversiones que
necesita la industria petrolera
vienen de fuera, la industria
nacional no se ha beneficiado del
boom, e incluso la industria del
sector servicios depende sobremanera
de las importaciones. La industria
petrolera en Guinea Ecuatorial
continúa siendo, esencialmente, un
enclave con escaso impacto sobre el
resto de la economía. Sin embargo,
si este tipo de economías con
determinados enclaves económicos
dinámicos invierten correctamente
las rentas derivadas de los recursos
naturales en otras áreas de la
economía así como en
infraestructuras y en desarrollo
humano, se podría generar
crecimiento en otros sectores o
mejorar la calidad de los servicios
sanitarios y educativos.
Teóricamente las enormes rentas per
capita derivadas del petróleo en
Guinea Ecuatorial deberían facilitar
enormemente cualquiera de esas dos
opciones en comparación con países
con una renta per capita derivada de
la exportación de recursos mucho
menor. Sin embargo, como la mayoría
de productores de petróleo, Guinea
Ecuatorial no ha conseguido actuar
de esta forma, dejando que la falta
de vínculos entre los sectores
petrolero y no petrolero se
convierta en el principal problema
económico para el país. Este fracaso
de los dirigentes ecuatoguineanos
para implementar las políticas
adecuadas señala también la
necesidad, respaldada por de la
literatura de la “maldición de los
recursos”, de incorporar tanto un
análisis político como económico a
los estudios sobre el desarrollo
basado en la explotación de recursos
naturales. [29]
La más conocida y mejor estudiada
variante de la literatura de la
“maldición de los recursos”, la
teoría de la “enfermedad holandesa”
(Dutch Disease theory), pone
todavía mayor énfasis en la
necesidad de integrar
explicaciones económicas y políticas
en el análisis de los países
exportadores de recursos naturales.
La “enfermedad holandesa” toma su
nombre de las consecuencias que el
descubrimiento de petróleo tuvo para
la economía de los Países Bajos en
las décadas de 1960 a 1970. Los
recursos petroleros encontrados
condujeron a un boom de
exportaciones, pero la economía
domestica pronto sufrió inflación y
reducción de las exportaciones de
manufacturas, provocando un
crecimiento económico más bajo y el
aumento del paro. El boom del
petróleo en las décadas de 1970 y
1980 produjo idénticos resultados en
países tan diferentes como Arabia
Saudita, Nigeria y México. Esta
aparente paradoja acontece cuando el
boom de exportaciones provoca
inflación y la consecuente
apreciación de la tasa real de
intercambio. Esto hace a los
productores del propio país,
pertenecientes a sectores diferentes
a los de las materias primas, menos
competitivos y, por consiguiente,
menos rentables. Este declive en la
pujanza de otros sectores de la
economía es la cruz de la "enfermedad
holandesa".
Corde y Neary han encontrado en
sus análisis teóricos abundante
apoyo que confirma la hipótesis de
la enfermedad holandesa. [30] Otros
estudios confirman empíricamente la
influencia de la enfermedad
holandesa sobre los resultados
económicos. En un exhaustivo estudio
estadístico, Sachs y Warner examinan
97 países durante un periodo de
diecinueve años, mostrando que
estados que en 1971 mostraban un
alto índice de exportaciones de
recursos naturales en relación a su
PIB, habían experimentado unas tasas
de crecimiento inusualmente bajas en
el periodo comprendido entre los
años 1971 y 1989. Explican este
fenómeno, en buena medida, como un
efecto de la enfermedad holandesa
[31]. Diferentes estudios
monográficos proporcionan también
amplio apoyo a la "enfermedad
holandesa". Gelb, por ejemplo,
documenta seis casos de esta "enfermedad":
Argelia, Ecuador, Indonesia,
Nigeria, Trinidad y Tobago, y
Venezuela. [32] Una de sus
monografías muestra como Nigeria
sufrió un caso extremo de la
“enfermedad” en los años 80. Picos
en los precios del petróleo durante
los periodos de 1973-74 y 1979-80
propiciaron enormes ganancias
inesperadas para el gobierno, pero
esta abundancia y sus crecientes
gastos concomitantes azuzaron la
inflación, así como un incremento
del tipo de cambio y,
consecuentemente, una disminución
del 90% en el sector no minero. [33]
Gabón, vecino de Guinea Ecuatorial
en el Golfo de Guinea, también ha
sufrido la "enfermedad holandesa".
Mientras el país ha desarrollado una
prospera industria petrolífera,
otros sectores de la economía,
especialmente la agricultura, se han
desmoronado mientras que la
desigualdad y la pobreza persisten.
El crecimiento económico se ha
estancado. El cada vez más cercano
fin de las reservas de petróleo del
país ha generado temor a un colapso
económico casi total en un futuro
cercano a no ser que se encuentren
nuevas reservas. [34]
A pesar de la común experiencia
de la "enfermedad holandesa", muchos
críticos han argüido que este
achaque afecta mucho más a economías
desarrolladas que a las
subdesarrolladas, y que sus efectos
varían enormemente dependiendo del
país. Benjamín et al., por ejemplo,
muestran que en Camerún la "enfermedad
holandesa" afectó a la agricultura
pero no a la industria.[35] Ross por
otra parte arguye que políticas
juiciosas pueden contrarrestar la
mayor parte de los efectos de la "enfermedad".
[36] En palabras de Terry Karl, “La
enfermedad holandesa no es
automática. Su grado de desarrollo
dependerá en buena medida de las
decisiones que se tomen desde la
esfera publica”. [37] En este mismo
sentido, como Chaudhry apunta, la
búsqueda de estrategias sectoriales
e industriales substantivamente
diferentes entre los diferentes
países productores de petróleo
“desmiente la uniformidad de los
resultados de la enfermedad
holandesa”. [38] Algunos países,
incluido Irak, Malasia, Irán y
Argelia, han “contrarrestado las
presiones contra la inversión en
bienes comerciables emprendiendo
programas de industrialización.”[39]
La experiencia de Botswana
pervive como un ejemplo admirable
de cómo una sana política económica
puede prevenir la "enfermedad
holandesa", incluso en una economía
pobre y altamente minero-dependiente.
En el momento de su independencia de
Gran Bretaña en 1966, Botswana
siguió siendo uno de los países más
pobres y menos desarrollados de la
Tierra. El descubrimiento unos pocos
años más tarde de los mayores
depósitos de diamantes del mundo
impulsó un masivo boom exportador
que hizo de Botswana la economía de
más rápido crecimiento mundial entre
1970 y 1990. Sin embargo, en lugar
de observar como el resto de la
economía se derrumba, decisiones
políticas competentes permitieron
rehuir los peores efectos de la "enfermedad".
El gobierno adoptó políticas
macroeconómicas efectivas para
mantener la estabilidad de los tipos
de cambio. Para lograrlo se controló
el gasto público y se acumularon
grandes reservas de moneda
extranjera. En lugar de pedir
préstamos al FMI como la mayoría de
los países africanos, ahora mismo
Botswana presta divisa fuerte al
FMI. [40] Del mismo modo Botswana
consiguió mantener la competitividad
de su mayor empresa paraestatal, la
Comisión de la Carne de Botswana
(Botswana Meat Commission), y ha
utilizado los ingresos
gubernamentales de forma responsable
en programas sociales eficaces e
infraestructuras, no en despilfarros.
En consecuencia, Botswana sigue
siendo la economía y la democracia
con más éxito de África, treinta y
cinco años después del comienzo de
la producción de diamantes. [41]
Mientras decisiones políticas
eficaces protegían a Botswana de
caer en la "enfermedad holandesa",
la experiencia de Guinea Ecuatorial
se parece más a la de Nigeria. La
inflación se ha disparado,
perjudicando el poder adquisitivo de
las empobrecidas poblaciones e
impulsando una apreciación del tipo
de cambio del 50%, sólo entre
finales de 2001 y mediados de 2003.
[42] La producción de cacao cayó en
un 30 % entre 1996 y 2001, pues las
inversiones se dirigieron
rápidamente hacia el sector
petrolero y los incrementos en los
tipos de cambio hicieron menos
competitivos a los productores de
cacao. [43]
Unos términos de intercambio cada
vez más deteriorados y las
fluctuaciones de los precios
crearán seguramente en el futuro
serios problemas a la economía de
Guinea Ecuatorial, como ha sucedido
en otros países productores de
petróleo. Algunos de estos efectos
se han manifestado ya. Sin embargo,
aunque muchos países
“recurso-dependientes” se hayan
mostrado incapaces de manejar
políticamente estos problemas,
existen soluciones políticas viables
tanto para la posición de enclave de
la industria petrolera como para la
"enfermedad holandesa". ¿Qué hace a
los países abundantes en recursos
más proclives a los errores
políticos manifestados por Nigeria y
menos tendentes de responder a los
booms de recursos del modo en que lo
hizo Botswana? La ciencia política
ha tratado de esas anomalías en mil
y una formas, muchas de las cuales
siguen siendo cruciales en el caso
de Guinea Ecuatorial.
Aproximaciones de la Ciencia
Política
La
ciencia política se ha centrado
fundamentalmente en las torpes
decisiones políticas, las
deficientes instituciones, o en
alguna combinación de ambas, para
vincular recursos naturales y
decepcionantes resultados económicos.
Especialistas en Oriente Próximo,
por ejemplo, han vinculado la
naturaleza rentista de las economías
petroleras de la región con su, por
lo general, decepcionantes
experiencias de desarrollo. Beblawi
define el estado rentista como aquel
que obtiene el grueso de sus
ingresos de rentas externas, antes
que de empresas productivas. [44]
Luciani traza una distinción similar
“entre Estados de ‘asignación’ y
Estados de ‘producciòn’, dependiendo
de cual de esas dos funciones – mera
asignación o producción y
reasignación - sea la tarea
fundamental del Estado.” [45]
Mahdavy fue el primero en tratar las
peculiaridades del Estado rentista
en su análisis de Irán. [46]
Argumentó que la riqueza derivada de
petróleo acorta la visión de futuro
de los dirigentes y alimenta la
promoción de políticas económicas
que favorecen la estabilidad y el
status quo en lugar de crecimiento e
industrialización. Otros autores
afirman que las rentas del petróleo
convierten a los gobiernos en menos
responsables y, consiguientemente,
menos sensibles a las necesidades
reales de la población. [47]
Shambayati de manera similar
argumenta que impuestos bajos y
amplios programas de asistencia
pública les sirven de escudo a los
estados rentistas frente a las
presiones para que inicien programas
de desarrollo eficaces. [48]
Guinea
Ecuatorial constituye un Estado
rentista según la definición de
Beblawi, ya que las rentas del
petróleo constituyen la mayor parte
de la economía. Con todo, Guinea
Ecuatorial difiere en aspectos
sustanciales de los estados
rentistas del Oriente Próximo. En
concreto, sus extraordinariamente
endebles instituciones
gubernamentales y la escasez de
programas de bienestar social, hacen
improbable que el régimen de Obiang
llegue a comprar la aquiescencia de
la población del mismo modo que
Kuwait o Arabia Saudita. Además, el
carácter delictivo del aparato
estatal ha permitido una
administración de las rentas todavía
más corrupta que en Oriente Próximo,
lo que probablemente contribuya a
mayores niveles de oposición a la
actual situación económica entre la
población. La naturaleza
neopatrimonial del régimen de Guinea
Ecuatorial, no obstante, hace
probable que cualquier intento de
Obiang de suprimir dicha oposición
tome la forma de suntuosos gastos en
clientelismo, patronazgo y concesión
de prebendas, antes que de amplios
beneficios para la mayoría. [49]
Aparte de su limitada
aplicabilidad a Guinea Ecuatorial,
las teorías de los estados rentistas
adolecen de dos importantes defectos.
Primero, como Chaudhry sostiene
legítimamente, “las teorías de los
estados rentistas se alejan mucho de
los análisis empíricos minuciosos de
los casos actuales”. [50] No existen
estados rentistas puros y los así
llamados muestran importantes
diferencias en sus resultados
políticos y económicos. Además, a
pesar de tener su origen en la
ciencia política, las teorías de los
estados rentistas siguen siendo
demasiado economicistas. En palabras
de Okruhlik, “El marco de análisis
de los estados rentistas es
restringido porque relega las
opciones políticas a un plano
secundario, por detrás de las
estructuras económicas.” [51]
La
combinación de importantes
intuiciones en la
perspectiva de los estados rentistas
y la
ausencia de evidencia empírica para
sus afirmaciones ha impulsado
estudios más matizados sobre la
conexión entre recursos y desarrollo.
Chaudhry, por ejemplo, postula que
debido a que los estados
exportadores de crudo crean
instituciones extractivas endebles,
carecen de la información necesaria
para formular e impulsar políticas
de desarrollo eficaces. Además, sin
información adecuada a su
disposición, el gasto público vendrá
determinado más por ideas
relacionadas con las carencias
básicas que por una racionalidad
económica. [52] Para Chaudhry, la
escasa consistencia de las
organizaciones extractivas debilita,
en general, la calidad de las
instituciones, la integración
nacional, la construcción del estado
y, por último, los resultados de sus
políticas de desarrollo, conclusión
a la que llega basándose en la
teorización clasica de Delacroix
sobre como los Estados distributivos
diferirán sustancialmente de los
Estados “normales” en su proceso de
formación estatal.[53] Esta autora
examina el desarrollo institucional
de la Arabia Saudita, productora de
petróleo, y de Yemen, exportador de
mano de obra, demostrando, en
concreto, el acentuado deterioro de
las organizaciones extractivas. [54]
Las casi inexistentes
organizaciones extractivas de Guinea
Ecuatorial otorgan crédito a las
aseveraciones de Chaudhry. Con poco
conocimiento de lo que ocurre en las
regiones remotas del país, es
improbable que Obiang y sus
compinches pongan en marcha algún
día programas de desarrollo
eficaces. Las débiles organizaciones
extractivas, sin embargo, preceden
en el tiempo al boom petrolero y,
por tanto, no son consecuencia del
mismo, aunque este boom podría
erosionarlas aún más, agravando el
atraso económico. En conjunto, las
endebles instituciones de Guinea
Ecuatorial y las paupérrimas
decisiones políticas han convertido
en extremadamente graves los
problemas ("enfermedad holandesa" y
escasos vínculos con el resto de los
sectores económicos) del desarrollo
ligado al petróleo.
Los antecedentes de otros estados
débiles de África sugieren que las
instituciones de Guinea Ecuatorial
seguirán siendo raquíticas y su
factura política pobre. En Gabón, el
crudo facilitó el crecimiento de una
economía de enclave (enclave
economy) que aportó poco al
desarrollo de otras áreas fuera de
la capital, Libreville. Los
dirigentes angoleños, en lugar de
invertir las rentas del petróleo en
carreteras o en capital humano, han
saqueado ni más ni menos que 4.2
millones de dólares sólo en los
últimos años. [55] Nigeria sigue
siendo el más claro ejemplo de los
deletéreos efectos del petróleo
sobre las instituciones y las
decisiones políticas en África. En
Nigeria, el petróleo jugó un papel
crítico en la creación de un estado
predador bajo Babangida, que allanó
el camino del desastre económico. En
vez de facilitar el crecimiento de
instituciones eficaces o buenas
políticas, el crudo permitió a
Babangida gastar imprudentemente y
dejar que las instituciones se
deteriorasen. [56] Es improbable que
Guinea Ecuatorial lo haga mucho
mejor que esos otros estados
petroleros vecinos, especialmente si
se tienen en cuenta las políticas
particularmente venales de Obiang y
su circulo más próximo. A no ser que
las instituciones del gobierno
cambien por completo, las
oportunidades de un futuro económico
mejor parecen escasas.
Desgraciadamente, el desarrollo
basado en el petróleo ha tenido
también efectos deletéreos sobre
otras importantes circunstancias
políticas, a saber los niveles de
democracia y de estabilidad.
Abundancia de Recursos Naturales y
Autoritarismo
Una importante corriente dentro
de la literatura de la “maldición de
los recursos” arguye que la
abundancia de recursos podría
dificultar significativamente el
desarrollo democrático. Los
defensores de la tesis del Estado
rentista han estado argumentando
desde hace tiempo que la abundancia
de petróleo ha impedido el
desarrollo democrático en el Oriente
Próximo. Otros muestran argumentos
similares referidos a estados con
abundantes recursos naturales de
África y Asia Central. Ross ha
mostrado que abundancia de recursos
naturales (especialmente petróleo) y
democracia están correlacionados de
forma significativamente negativa.
[57] Lam y Wantchekon, “...manteniendo
constantes el PIB, el capital
humano, la desigualdad en las rentas
y otras posibles variables,...
encuentran una fuerte asociación,
estadísticamente significativa,
entre dependencia de recursos
naturales, medida en función de la
proporción de exportaciones de
minerales y petróleo respecto al
conjunto de las exportaciones, y
autoritarismo.” [58] En esta misma
línea Wantchekon encuentra que un
incremento del uno por ciento en la
dependencia de recursos, medida por
el ratio de exportaciones en
relación con el PIB, conduce a un
incremento cercano al ocho por
ciento en la probabilidad de
autoritarismo. [59] Esta aplastante
relación estadística y la notable
penuria democrática de países
abundantes en recursos naturales ha
generado una especie de consenso
académico para el que, al menos en
determinadas circunstancias, la
abundancia de recursos naturales
puede resultar enemiga de la
democracia. Sin embargo, no se ha
establecido consenso alguno sobre
los mecanismos causales que vinculan
recursos naturales y autoritarismo.
La literatura actual sobre el asunto
está dominada por cuatro posibles
mecanismos vinculantes: el efecto
rentista, el efecto de la represión,
el efecto de la modernización, y el
efecto de la autonomía frente a la
presión internacional. [60]
Estudiosos de Oriente Próximo se
han basado frecuentemente en la
noción de estado rentista, o alguna
variante afín, para explicar la
falta de democracia en esa región.
Otros han empezado a aplicar
argumentos similares a otras
regiones del mundo, especialmente a
África. Las teorías del estado
rentista argumentan que el hecho de
que en estos países no se grave a la
población con impuestos frena el
surgimiento de movimientos populares
en favor de un sistema
representativo. Del mismo modo, la
lluvia de dinero que generan los
recursos permite a las elites
consolidar su poder y comprar el
beneplácito de las mayorías a través
del gasto público.
La
literatura del estado rentista hace
hincapié en la íntima relación
histórica entre tributación y
democratización, dándole la vuelta a
la conocida frase “no taxation
without representation” ("sin
representación no hay tributación")
y convirtiéndola en “no
representation without taxation”
("sin tributación no hay
representación"). Liberados de la
necesidad de gravar a sus
poblaciones, los estados fiscalmente
autónomos no sienten ninguna presión
desde abajo en favor de la
democratización, llegando a ser
capaces de apaciguar el descontento
a través de gastos en subvenciones y
programas de asistencia pública.
Huntington, por ejemplo, ha
argumentado que “a niveles más bajos
de tributación, hay menos razones
para la demanda pública de
representación” [61] Anderson, en
este mismo sentido, arguye que para
países productores de petróleo
“......tales ingresos eximen al
Estado de la responsabilidad
ordinariamente exigida por la
apropiación nacional del excedente.
En países como Kuwait y Libia, el
estado puede ser virtualmente
autónomo respecto de la sociedad,
logrando la aquiescencia de la
población a través de la
distribución en lugar de obtener su
apoyo a través de impuestos y
representatividad.”[62]
] Mahdavy había sido
de los primeros en argumentar que
los estados rentistas mostrarían una
limitada presión desde abajo para su
democratización.
Chaudhry
se hace eco de esta opinión
indicando que las demandas populares
pidiendo mayor participación
política han surgido las más de las
veces como respuesta a la imposición
de tributos. [63] Crystal por otro
lado arguye que la riqueza generada
por el petróleo en Kuwait y Qatar
obvió cualquier necesidad de gravar
a la burguesía mercantil, que a su
vez abandonó cualquier demanda de
participación política. [64] El
argumento de Crystal tiene una
especial relevancia dada la
tendencia de la ciencia política
occidental a conectar la emergencia
de la democracia con la auge de una
clase media mercantil. [65] Otra
variedad del vínculo
impuestos-representación destaca la
habilidad de los estados rentistas
para gastar una gran cantidad de
dinero en subvenciones y en otros
programas que podrían, en efecto,
comprar la aquiescencia de la
población. [66]
Muchos países africanos
productores de petróleo han seguido
un curso similar, utilizando los
ingresos provenientes del crudo para
promover sus redes de patronazgo y,
de esta forma, aplastar a la
oposición. Los líderes de la
República Democrática de Congo,
Gabón y Angola, por ejemplo, han
demostrado ser capaces de consolidar
sus regímenes autocráticos a través
del patronazgo político. Leonard y
Straus arguyen que estas
“economías-enclave” son la base del
gobierno autocrático en el
continente ya que centralizan los
recursos estatales y facilitan el
patronazgo. De acuerdo con ellos,
“la base de un enclave económico
permite la perpetuación en el largo
plazo de gobiernos autocráticos
debido tanto a que dichos enclaves
son de por sí susceptibles de
predación estatal como a que a que
no dependen de una extensa
productividad para su subsistencia.
De esa manera, la función principal
del estado puede ser la distribución
de subvenciones privadas....” [67]
No es de extrañar que muchos de los
más longevos dictadores de África,
desde Bongo en Gabón a Mobutu en
Zaire, fueron también lideres de “estados-enclave”.
Guinea Ecuatorial, de forma muy
similar al caso de Angola y de la
República Democrática de Congo,
tiene todavía que desarrollar
instituciones extractivas eficaces,
pero sus ingresos de petro-dólares
desincentivan, ciertamente, el
desarrollo futuro de estos recursos.
Además, su reducida población y sus
enormes reservas de crudo deberían
hacer bastante fácil que Obiang y
sus compinches consolidarán aún más
su gobierno por medio de las
subvenciones y del gasto público.
[68] Aunque los petro-dólares
probablemente liberarán al gobierno
de las necesidades impositivas,
está todavía por ver si el país
comienza a gastar dinero en
programas sociales y otros proyectos
con capacidad para comprar el
beneplácito de las mayorías, o no.
Hasta el momento el gasto permanece
abismalmente bajo, aunque la
creciente oposición al régimen
podría forzar al gobierno a
incrementar sus gastos en servicios
y patronazgo. Ciertamente existe la
posibilidad de que se produzca un
efecto rentista en Guinea Ecuatorial,
a través del cual la ausencia de
impuestos y un abundante gasto
público por parte del gobierno
pudieran desalentar el desarrollo de
movimientos que reivindiquen la
democracia. [69]
En el corto plazo es improbable,
sin embargo, que Guinea Ecuatorial
desarrolle políticas distributivas
similares a los estados rentistas
del Oriente Próximo o a otros
enclaves africanos, debido a la
extrema penetración y generalización
de los comportamientos delictivos
dentro del propio Estado. Obiang
continuará canalizando las rentas
del petróleo hacia negocios ilícitos
antes que distribuyéndolas. Esto
podría incentivar la oposición de
las masas al régimen, generando una
amplia presión desde abajo para su
democratización. Sin embargo, si
tales presiones llegan a tomar
cuerpo, no es probable que sean
beneficiosas para la democracia. Si
lo necesita, Obiang tendrá acceso a
inmensos recursos en subvenciones
capaces de comprar el apoyo de
grupos sociales clave (al estilo de
la hipótesis del estado rentista).
Además, las transiciones a la
democracia en casos extremos de
gobierno dictatorial -como Guinea
Ecuatorial– raramente generan
estabilidad democrática. [70] Por
tanto, una transición promovida por
las propias masas tendría pocas
oportunidades de éxito. En este caso,
sería más probable que engendrase
aún más autoritarismo, debido en
especial a las posibilidades que
ofrecería de acceso al poder de
algún autócrata. El prácticamente
ilimitado acceso recursos por parte
de Obiang podría permitirle, además,
levantar enormes aparatos represivos
destinados a desalentar a los
movimientos de democratización.
La represión ha servido como
mecanismo de vinculación entre
abundancia de recursos y
autoritarismo también en otros
países exportadores de materias
primas. [71] Algunos de estos países
son capaces de levantar aparatos
represivos lo suficientemente
fuertes como para aplastar todos y
cada uno de los movimientos
democráticos y/o desalentar a las
masas de seguir persiguiendo tales
aspiraciones. Irak bajo Saddam
Hussein, la República Democrática
del Congo bajo Mobutu Sese Seko,
Arabia Saudita bajo la Casa de Saud,
entre otros, ofrecen vívidos
ejemplos de esta posibilidad en el
mundo real. Por supuesto, no todo
régimen abundante en recursos ha
seguido este camino de represión.
Botswana utilizó su riqueza mineral
para mejorar las capacidades del
estado, construir infraestructuras,
desarrollar programas de alivio de
la pobreza y acumular reservas de
divisas fuertes para evitar la "enfermedad
holandesa". El ejemplo de Botswana
muestra la importancia de la
historia política a la hora de
perfilar los resultados del boom de
los recursos en distintos países.
Botswana era una joven pero efectiva
democracia, con un pasado marcado
por un relativamente benigno y no
agresivo legado colonial,
estabilidad poscolonial y un
liderazgo sagaz y responsable,
cuando se descubrieron diamantes.
[72] La República Democrática del
Congo, en el extremo opuesto, tuvo
un largo pasado de salvaje
explotación colonial (incluso para
los estándares africanos),
conflictos étnicos, e improductivas
instituciones estatales cuando
Mobutu llegó al poder. [73]
La historia de Guinea Ecuatorial,
desgraciadamente, se parece mucho
más a la de la República Democrática
de Congo que a la de Botswana. El
régimen colonial español, entonces
bajo un agonizante franquismo, dejó
en el poder a uno de los más
brutales y temidos dictadores del
África poscolonial, Macias Nguema.
Nguema gobernó con puño de hierro,
asesinando y forzando al exilio a
más de un tercio de la población del
país. Macias representaba el
estereotipo de dictador endémico en
el África de aquel momento, aunque
él llevó su autoritarismo más lejos
que nadie. [74] Gobernó el país como
si fuera su hacienda personal,
haciéndose llamar “Líder de Acero”,
“El Único Milagro de Guinea
Ecuatorial”, y “Presidente Vitalicio”.
Corrían rumores de que Macias
practicaba la brujería e incluso el
canibalismo. Lo hiciera o no, en
general la gente creía que lo hacía
y vivían en un ambiente en el que su
persona generaba un extremo terror.
Aunque el régimen de Obiang Nguema
ha resultado ser menos brutal que el
de Macìas, aún sigue siendo uno de
los más opresivos del mundo. [75]
Este historial de represión y
autoritarismo no ha disminuido desde
el descubrimiento del petróleo.
Persisten los continuos abusos de
los derechos humanos y la represión.
Si acaso, la recién descubierta
riqueza del gobierno ha incrementado
su capacidad represiva. El penal de
Black Beach, en Malabo, ha
conseguido una singular reputación
por sus prácticas de tortura extrema
y violencia a raíz de que se
publicaran las acusaciones de abusos
practicados a los detenidos por el
intento de golpe de 2003. [76] La
represión, por consiguiente,
continúa impidiendo el progreso
hacia la democracia en Guinea
Ecuatorial.
Una tercera posible conexión
entre recursos naturales y
autoritarismo es lo que Ross llama
el “efecto anti-modernización” (anti-modernization
effect), que tiene sus raíces en
la teoría de la modernización. [77]
Sugieren muchos estudiosos que el
crecimiento económico y la
industrialización generan la
formación de una amplia clase media,
una mentalidad “moderna”, mayor
educación, mejores niveles de vida
y, consecuentemente, exigencias de
democracia. [78] Este argumento ha
sido a menudo utilizado para
explicar la falta de democracia en
muchos de los países pobres del
mundo y su crecimiento en el
opulento Occidente. Esta idea ha
cobrado un renovado impulso en los
últimos años, especialmente debido a
estudios estadísticos que mostraban
una enorme correlación entre
democracia y altos ingresos per
cápita y otros. Przeworski et al.,
por ejemplo, encuentran una clara
correlación entre riqueza y
consolidación democrática, aunque no
con transiciones a la democracia.
[79] Los vínculos entre
modernización y democratización
siguen sin estar claros. No obstante,
muchos estudiosos sospechan que
existe alguna afinidad entre niveles
de crecimiento y democracia.
Si la abundancia de recursos
naturales puede obstaculizar el
desarrollo, como muchos estudios
sugieren, entonces, de acuerdo con
la teoría de la modernización,
también puede obstruir la democracia.
Ross apoya estadísticamente esta
hipótesis. [80] La aplicación de
este argumento al caso de Guinea
Ecuatorial se fundamentará en el
papel que juegue el petróleo
promoviendo o obstaculizando el
desarrollo económico. Hasta ahora,
el lamentable historial de continua
pobreza, decadencia agrícola y
escasa creación de empleo, no
presagia nada bueno en relación con
la posibilidad de una futura
democracia, si es que es cierto que
existe una estrecha relación entre
desarrollo y democracia. La
educación y la salud han mejorado
sólo marginalmente, a causa de las
escasas inversiones en estos
sectores. La industrialización
todavía está por llegar, la escasa
clase media que se ha formado es
fundamentalmente foránea (por
ejemplo cameruneses y nigerianos), y
la modernización de la economía no
parece estar teniendo lugar. [81]
Un cuarto posible vínculo entre
abundancia de recursos naturales y
autoritarismo descansa en el efecto
de la autonomía [capacidad de hacer
oíos sordos] frente a la presión
internacional a favor de la
democracia. Englebert y Boduszynski,
por ejemplo, muestran que las
transiciones africanas a la
democracia han tenido lugar la mayor
parte de las veces en estados pobres
en recursos y dependientes de la
ayuda externa. Arguyen que
cualitativamente estas democracias
son endebles, y, lo que es más,
fundamentalmente instrumentales, por
ejemplo cuando los regímenes se
democratizan para apaciguar los
anhelos de las organizaciones
internacionales de distribución de
ayuda. Por otra parte, Estados ricos
en petróleo y minerales, han sido
capaces de evitar la democratización
gracias a esa abundancia en recursos.
[82] Esto es aplicable con total
seguridad al caso de Guinea
Ecuatorial, en la medida que los
petro-dólares han obviado la
necesidad de ayuda al desarrollo,
acorazando, por consiguiente, al
régimen frente a la presión externa.
Si EE.UU. y otros países que
actualmente invierten en el petróleo
del país cambiaran sus políticas,
exigiendo medidas democratizadoras
por parte del régimen de Nguema,
esto podría cambiar drásticamente.
Un cambio en esta política parece,
sin embargo, poco probable, mientras
altos funcionarios del gobierno de
los EE.UU. sigan promoviendo la idea
de que lo mejor para el futuro de la
democracia en Guinea Ecuatorial es
el desarrollo económico basado en el
petróleo. Por consiguiente, podemos
prever que en el caso de Guinea
Ecuatorial persistirá el efecto de
la autonomía frente a la presión
internacional. [83]
Puede que al autoritarismo
existente en Guinea Ecuatorial
contribuyan todos estos efectos,
esto es, el rentista, el de la
represión, el de la modernización y
el de la autonomía frente a la
presión internacional. En concreto,
la represión parece que con toda
probabilidad continuará dificultando
el desarrollo democrático en el país.
A pesar de que ninguno de estos
mecanismos sea el responsable del
surgimiento del régimen autoritario,
todos ellos han fomentado
probablemente su desarrollo,
indicando que el boom del petróleo
en Guinea Ecuatorial ha exacerbado
los problemas políticos del país. Lo
que es más, la riqueza del petróleo
tiene el potencial de provocar
todavía otro problema añadido para
el país, la inestabilidad política.
Recursos
Naturales y Conflicto Violento
Una tercera variante de la
maldición de los recursos vincula
abundancia de recursos con
conflictos violentos e inestabilidad
política. La reciente intentona
golpista en Guinea Ecuatorial pone
de relieve la particular importancia
de esta literatura para comprender
los actuales acontecimientos en el
país. Muchos estudiosos destacan la
tendencia a que se den conflictos
étnicos y regionales en estados
ricos en recursos. Otros enfatizan
los incentivos que, para grupos
rebeldes, suponen las inmensas
rentas generadas por los recursos.
La forma que, de llegar a darse,
adopte en el futuro esa
inestabilidad política provocada por
el crudo, es algo que aún está por
ver. Las tensiones entre fangs y
bubis, la división entre la isla y
el continente, y las enormes
desigualdades inducidas por el
desarrollo basado en el petróleo
plantean, sin embargo, graves
amenazas para la estabilidad del
país.
Muchos especialistas en Oriente
Próximo argumentan que los estados
distributivos están destinados a
sufrir conflictos raciales, étnicos,
religiosos o regionales de gran
alcance. Delacroix, por ejemplo,
afirma que "La base organizativa de
la oposición en un estado
distributivo no puede ser la clase.
Por lo tanto, tendrán que activarse
otras estructuras de solidaridad.
Las estructuras alternativas son,
por defecto, las estructuras
tradicionales. Cuanto más
recientemente se haya incorporado a
la economía mundial, más disponibles
tendrá sus estructuras sociales
tradicionales. Así pues, un estado
distributivo gobernando una sociedad
recientemente incorporada
experimentará un máximo de desafíos
tribales, étnicos y religiosos".
[84]
Chaudhry, en su análisis de
Arabia Saudi y Yemen, hace hincapié,
de modo semejante, en la propensión
de los booms de recursos (y de los
labor remittance booms[1])
a institucionalizar y a exacerbar
los conflictos primordiales. [85]
Para Shambayati, los conflictos no
clasistas que surgen son a menudo de
naturaleza ideológica, como
evidenció la ascensión del Islamismo
a lo largo de todo el Oriente Medio
y, especialmente, en Irán. [86]
Sintetizando todos estos argumentos,
Okruhlik afirma que “Los ciudadanos
que cuestionan la desigual
distribución de las rentas, la
malversación de recursos y los
hábitos derrochadores de los
representantes del estado, han
podido encontrar acomodo en
identidades islámicas, de ámbito
regional y privado. El estado ha
reforzado las identidades sociales.”
[87]
Watts, en su análisis sobre la
política del petróleo en Nigeria,
subraya el papel tanto de los
estados como de las empresas
multinacionales, en el reforzamiento
de las identidades sociales. Para
Watts, "La presencia y actividades
de las compañías
petroleras.......constituyen un
desafío para las formas
consuetudinarias de autoridad en la
comunidad, para las relaciones
interétnicas, y las instituciones
locales del estado, que se plantea a
través de las disputas por la
propiedad y por la tierra llevadas a
cabo mediante formas de movilización
y agitación populares. Estas luchas
políticas están animadas por el
deseo de obtener acceso a (i) las
rentas de las empresas y a los
ingresos por indemnizaciones, y (ii)
a los “petro-rentas” estatales
mediante la captura de recursos (a
menudo de forma fraudulenta) a
través de la creación de nuevas
instituciones estatales de ámbito
regional y/o local". [88]
El informe de Watts sobre la
violencia étnica endémica en la
región del Delta del Níger y la
represión por el gobierno central de
los movimientos que reivindican la
justicia medioambiental, étnica y
económica, muestra el explosivo
potencial de entornos ricos en
recursos pero pobres e
institucionalmente débiles, para la
aparición de manifestaciones de
violencia étnica.
El potencial del petróleo para
exacerbar tensiones étnicas y
regionales plantea una seria amenaza
para Guinea Ecuatorial. El país
tiene una larga historia de
conflictos étnicos entre los bubis y
los fangs. El hecho de que la
mayoría de los beneficiarios del
desarrollo basado en el petróleo
sean fangs ha acuciado una creciente
animosidad entre los bubis,
especialmente porque la mayoría de
los yacimientos de petróleo del país
se encuentran más próximos a Bioko
que a Río Muni. El movimiento
secesionista ha crecido en Bioko y
entre los exiliados bubsi en España.
Mientras Guinea Ecuatorial continúe
su camino de crecimiento económico
poco equitativo, los riesgos de
violencia étnica y regional no harán
más que aumentar. [89]
La literatura reciente sobre
guerras civiles y étnicas subraya a
menudo los efectos de la abundancia
de recursos naturales sobre los
conflictos. Collier y Hoeffler, por
ejemplo, encuentran que estados
excesivamente dependientes de sus
recursos naturales afrontan un
riesgo mucho más alto de guerra
civil que estados pobres en recursos.
Hacen hincapié en la codicia de los
grupos rebeldes como principal
motivación para el conflicto civil,
frente a las quejas de naturaleza
política y económica. En su análisis,
el acceso a recursos para financiar
sus alzamientos y la perspectiva de
una gratificación económica
establece la conexión entre
abundancia de recursos y violencia.
[90] Fearon y Laitin, usando
diferentes baterías de datos,
encuentran que los países
exportadores de petróleo, pero no de
otras materias primas, tienen mayor
tendencia a sufrir una guerra civil.
Más que enfatizar el "afán de lucro"
por encima de las ‘protestas’,
concentran su análisis en los
factores que conducen a la
insurgencia. Recursos que pesan poco
pero de gran valor, como petróleo,
diamantes, coca y opio promueven la
guerra civil al hacer más fácil para
los rebeldes su financiación. [91]
Fearon arguye que el petróleo, al
debilitar las instituciones
estatales, fomenta la decadencia del
estado y, en consecuencia, la
rebelión, un descubrimiento este que
más tarde encontró apoyo en un
análisis econométrico realizado por
Humphreys. [92] Los hallazgos de
Fearon y Laitin, Fearon, y Humphreys,
todos ellos, apuntan a la
complejidad de la relación entre
recursos y violencia. Los recursos
por sí solos no instigan la guerra,
pero pueden contribuir a la
violencia de muchas maneras.
Englebert y Ron llegan más lejos
y constatan la naturaleza
condicional de la relación entre
materias primas y conflicto. En su
análisis de la guerra civil en
Congo-Brazaville, por ejemplo,
muestran que aunque el petróleo
contribuyó a la guerra, sin embargo
no fue causa suficiente para
instigar la violencia. Además,
argumentan que la naturaleza externa
de sus reservas de crudo (situadas
en mar abierto) circunscribió el
conflicto a la capital dado que
únicamente el control del estado
podría hacer que los rebeldes se
hiciesen con los ingresos del
petróleo. [93] Este tipo de análisis
de Englebert y Ron sugiere que
cualquier conflicto sobre recursos
en Guinea Ecuatorial se concentrará
también, muy probablemente, en la
capital, dado que todos los recursos
del país están en mar abierto [offshore].
Únicamente un control completo del
estado aseguraría el dominio sobre
las rentas del petróleo en Guinea
Ecuatorial, convirtiendo el control
del estado, y no el de determinadas
regiones, en el objetivo primordial
de cualquier guerra que tenga como
objetivo hacerse con las rentas del
petróleo. Las dos últimas intentonas
golpistas tenían como objetivo el
control de Malabo, lo que viene a
presentar más evidencias respecto a
esta tesis.
Ross presenta otro posible
mecanismo a través del cuál el
petróleo puede promover la
inestabilidad en Guinea Ecuatorial:
lo que él llama “futuros botines” (booty
futures) –la venta de derechos
de explotación futura sobre recursos
naturales. [94] Ross plantea que el
mercado de estos futuros beneficios
podría ser exclusivo de África,
pudiendo constituir una de las
explicaciones de la preponderancia
de guerras civiles y golpes de
estado en el continente. Ross
califica la intentona golpista del
2004 en Guinea Ecuatorial como un
ejemplo de golpe instigado por un
“booty future”, a través del cual
los autores habrían recibido ofertas
por los futuros beneficios derivados
del petróleo. Las
extraordinariamente grandes reservas
de crudo de Guinea Ecuatorial, y la
probabilidad de futuros hallazgos,
hace plausible que la posible venta
de “futuros botines” animen otros
golpes de estado y, posiblemente,
puedan inducir el derrocamiento del
gobierno.
Los dirigentes de Guinea
Ecuatorial se enfrentan con
numerosos obstáculos si esperan
evitar una inestabilidad política
futura. La tendencia de los países
con abundantes recursos,
particularmente los productores de
petróleo, a padecer altos niveles de
violencia política y de conflicto
étnico, la actual distribución
radicalmente desigual de los
beneficios del petróleo, y la larga
historia de conflictos entre fangs y
bubis y entre Bioko y Río Muni
podrían combinarse hasta conducir al
país a una situación de algún tipo
de violencia política. La reciente
intentona golpista es una prueba de
esta posibilidad. Por otra parte, la
naturaleza externa de las reservas
petrolíferas del país sugiere que
las tentativas de extender la
violencia se centrarán en la capital
del país, con el objetivo de ganar
el control absoluto del gobierno,
como ocurrió en Congo-Brazaville.
Como anteriormente hemos señalado,
no es probable que dichos intentos
para hacerse con el control del
estado desencadenen una transición a
la democracia. Más bien, y casi con
toda probabilidad, incitarán a una
mayor represión por parte de Obiang
de no tener éxito y a más
inestabilidad y autoritarismo de
tenerlo.
CONCLUSIÓN
Guinea Ecuatorial se ha
convertido ya en uno de los países
productores de petróleo con renta
per cápita más alta del mundo. Sin
embargo, la mayoría de los
guineo-ecuatorianos viven en una
lamentable pobreza bajo uno de los
peores dictadores de África. La
literatura de la maldición de los
recursos sugiere que esos problemas
persistirán, si es que no empeoran,
mientras el país continúa
desarrollando su industria petrolera.
Además, la proclividad de los
productores de petróleo a padecer
conflictos étnicos y regionales
arroja una sombra de duda sobre la
futura estabilidad del país. Aunque
el crudo ha estado extrayéndose solo
durante una década, todas las
señales indican que Guinea
Ecuatorial está, de hecho,
dirigiéndose hacia mayores fracasos
de sus políticas de desarrollo,
autoritarismo, e inestabilidad
política, reivindicando de está
forma las conclusiones de la
literatura de la maldición de los
recursos.
La excepcional situación
política y económica del país, sin
embargo, condicionará la economía
política del petróleo en formas que
quizá difieran de las prescripciones
generales de la literatura de la
maldición de los recursos. El
reducido tamaño del país y sus
abundantes reservas de crudo podrían
permitirle seguir un camino de
desarrollo que reporte más ingresos
a la población a través de servicios
públicos y sociales a gran escala.
El actual régimen no muestra signos
de estar interesado en esta idea,
aunque una creciente oposición de la
población podría forzar esta opción.
Es más probable, sin embargo, que el
amplio caeracter delictivo del
aparato estatal Guineo-Ecuatoriano
exacerbe los problemas del
crecimiento basado en el petróleo
incitando a la elite dirigente a
ocuparse en actividades incluso
menos productivas o redistributivas
que las que tienen lugar en la
mayoría de los petro-estados. La
división regional y étnica del país
entre bubid y fangd probablemente
inducirá a que el conflicto siga
esos derroteros, en tanto que las
dos líneas de división se solapan y
también coinciden con diferencias en
el acceso a los ingresos derivados
del petróleo. La naturaleza externa
(de offshore) de las reservas
de crudo indica además que las
guerras civiles vinculadas a los
recursos en Guinea Ecuatorial con
toda probabilidad seguirán un patrón
similar a las acaecidas en
Congo-Brazaville, donde el petróleo
está también en la plataforma
continental en oposición a Nigeria,
donde el crudo está tanto en la
plataforma continental como tierra
adentro en el Delta del Níger.
Las cada vez más estrechas
relaciones entre los EE.UU. y Guinea
Ecuatorial constituirán un último,
y quizás especialmente importante,
factor para determinar el futuro de
la economía política del país. Los
intereses estratégicos de EE.UU. en
la región han impulsado, hasta ahora,
un intento por mejorar las
relaciones entre los dos países y
asegurar la estabilidad, de modo que
se mantenga sin interrupciones la
producción de petróleo. Los EE.UU.
han mirado hacia otro lado en
relación con los abusos en materia
de derechos humanos, la conducta
delictiva, y la brutalidad del
actual régimen a cambio de un cómodo
acceso al petróleo. Guinea
Ecuatorial, no obstante, sigue
siendo tan dependiente de los
inversores norteamericanos como los
EE.UU. lo son de su petróleo.
Consecuentemente, un genuino intento
por parte de los EE.UU. de promover
un patrón de desarrollo más
equitativo o el progreso de los
derechos políticos y civiles, podría,
probablemente, tener bastante éxito.
El gobierno de los EE.UU. podría,
con bastante facilidad, hacer uso de
su ventaja económica para obligar a
Obiang a aceptar la democratización
y/o los resultados de un desarrollo
más equitativo. Por ejemplo, los
EE.UU. podrían fácilmente
condicionar la firma de contratos
petroleros a cambios en las
políticas y controlar minuciosamente
dichos cambios. Los EE.UU. podrían
también ofrecer efectiva seguridad
al régimen junto con estos
incentivos económicos para forzar el
cambio. El reducido tamaño y las
abundantes reservas de crudo de
Guinea Ecuatorial implican que
incluso con meras reformas se
podrían mejorar las vidas de los
guineo-ecuatorianos. Desgracidamente,
sin embargo, ningún cambio se
observa en el horizonte,
acrecentando así la probabilidad de
que Guinea Ecuatorial continuará
abandonándose a su actual camino de
delitos, corrupción y autocracia.
_______________________________________________________________________
La palabra remittance, podría
hace referencia al dinero que
trabajadores emigrantes envían a sus
familiares. En este sentido, el
aumento de los sueldos en el sector
objeto del boom parece que
propiciará también el incremento de
las sumas enviadas, aumentando las
diferencias de ingresos entre
quienes reciben esas crecientes
cantidades y quienes no. [Nota del
traductor]
[1] Mark du Toit es un antiguo
miembro de Executive Outcomes (EO),
el infame, y ahora desaparecido,
grupo mercenario. EO ha actuado, con
gran éxito, a lo largo de todo el
continente, en especial en la guerra
de Liberia en los años 1990. EO
estaba compuesta de los restos del
Batallón Búfalo, ejército
paramilitar sudafricano que luchó en
Namibia y Angola durante los años
1970 y 1980. Du Toit es conocido
por sus estrechos vínculos con
muchos antiguos miembros del
Batallón.
[2] Economy of Equatorial
Guinea, 2001 estimate,
http://www.appliedlanguage.com/country_guides/equatorial_guinea_country_economy.shtml
[3] “The World’s Most Repressive
Societies,” Freedom House,
http://www.docuticker.com/2005/04/worst-of-worst-worlds-most-repressive.html
[4] The CIA World Factbook, 2005,
http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/ek.html
[5] Para la discusión
pormenorizada de la persistencia de
estos problemas, vèase Terry Karl
and Ian Gary, The Bottom of the
Barrel: Africa’s Oil-Boom and the
Poor, Catholic Relief Services,
2003.
[6] Human Development Report,
2004.
[7] “The World’s Most Repressive
Regimes,” 2004.
[8] Max Liniger-Goumaz, Small
is Not Always Beautiful: The story
of Equatorial Guinea, Rowman and
Littlefield, Savage, MD, 1989.
[9] Samuel Decalo, “African
Personal Dictatorships,” The
Journal of Modern African Studies,
Vol. 23, No. 2, June 1985.
[10] Geoffrey Wood. “Business
and Politics in a Criminal State:
The Example of Equatorial Guinea,”
African Affairs, 103/413,
Royal African Society, 2004.
[11] Decalo, 1985.
[12] Liniger-Goumaz, 1989.
[13] Ibid.
[14] Francois Bayart, Stephen
Ellis and Beatrice Hibou, The
Criminalization of the State in
Africa, Indiana University
Press, 1999.
[15] Robert Klitgaard,
Tropical Gangsters: One Man’s
Experience with Development and
Decadence in Deepest Africa,
Basic Books, 1990.
[16] Para una detallada narración
de estas actividades ilegales, vèase
Wood, 2004. Para un relato un tanto
obsoleto, vèase Bayart, et al.
[17] Ken Silverstein, “U.S. Oil
Politics in the ‘Kuwait of Africa,’”
The Nation, April 4, 2002;
http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20020422&c=1&s=silverstein
[18] Ibid.
[19] Peter Maas, “A Touch of
Crude,” Mother Jones Journal,
http://www.motherjones.com/news/feature/2005/01/12_400.html,
January/February, 2005.
[20] Ibid.
[21] Véase la Conclusión.
[22] Raul Prebisch, The
Economic Development of Latin
America and its Principal Problems,
U.N., Lake Success, N.Y., 1950; Hans
Singer. “The Distribution of Trade
between Investing and Borrowing
Countries,” American Economic
Review, 40, 1950.
[23] John Cuddington y Hong Wei.
“An Empirical Analysis of the
Prebisch-Singer Hypothesis:
Aggregation, Model Selection and
Implications,” en Hans Singer, et
al, Export-led Growth versus
Balanced Growth in the 1990s,
New World Series, Vol. 13, Delhi,
1998.
[24] Por ejemplo, David Sapsford
y V.N. Balasubramanyan. “The
Long-Run Behavior of the Relative
Price of Primary Commodities:
Statistical Evidence and Policy
Implications,” World
Development, 22, no. 11,
November 1994.
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